Tribuna

José Manuel / Arévalo López

La autonomía de las personas con enfermedad mental

LOS usuarios y usuarias de salud mental empezamos, de forma aún muy tímida, a decidir sobre nuestra propia vida y nuestra enfermedad y a reaccionar ante la forma, a menudo injusta, en que se nos trata como colectivo. Últimamente hemos asomado la cabeza en diferentes iniciativas donde nuestra opinión siempre debería contar. Así, hemos participado en la elaboración del II Plan Integral de Salud Mental de Andalucía, o formamos parte del Grupo de Comunicación del Programa de Salud Mental del SAS, que trabaja en la sensibilización social y lucha contra el estigma que sufrimos las personas con enfermedad mental, marginadas históricamente.

Hay mucho camino por recorrer todavía. Debemos sensibilizar a las instituciones de que lo prioritario es poder decidir sobre nuestra propia vida y el tratamiento que recibimos por nuestra enfermedad. Hemos de crear conciencia en los servicios de salud, y en la propia sociedad, de que nuestro tratamiento debe orientarse hacia nuestra recuperación o estabilidad, y a lograr una recuperación social, que no se refiere a curar la enfermedad, sino a llevar una vida lo más normalizada posible.

Nuestro tratamiento no debería reducirse sólo a tomar medicamentos para controlar los síntomas, aspecto que sigue siendo muy importante porque nos ayuda a estabilizarnos. Lo crucial es conseguir recuperar nuestro proyecto vital. Poder seguir desarrollando nuestras responsabilidades cotidianas sin que los efectos secundarios de la medicación anulen nuestras capacidades personales y perdamos nuestra autonomía.

Los usuarios y usuarias de salud mental abogamos por que se entienda la atención y el tratamiento de nuestra enfermedad como algo más allá de lo estrictamente químico. Que no se nos considere meros pacientes con continuas crisis periódicas, sin capacidad de autonomía. La desaparición de los síntomas también incluye una dimensión social: la atención en los servicios debería orientarse hacia una vida activa, lo más autónoma posible, en la comunidad.

La enfermedad no es algo que afecta a la totalidad de nuestra persona. No somos nuestra enfermedad ni nuestro diagnóstico. La enfermedad no es sinónimo de lo que somos, por favor, que nadie tome la parte por el todo. Aunque se esté en un proceso de recuperación, podemos participar en la mejora de nuestra salud, decidir sobre nuestro tratamiento y desarrollar nuestro proyecto de vida.

No queremos que nadie sienta hacia nosotros ni compasión lastimera, ni paternalismo proteccionista, que ahoga y anula nuestra personalidad, ni rechazo o discriminaciones que nos marginan de la sociedad. Deseamos y pedimos humanidad y solidaridad. Y especialmente la cooperación coordinada de los servicios sanitarios y sociales, los familiares y amistades de las personas que tenemos diagnóstico de enfermedad mental e incluso de los medios de comunicación.

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