Editorial

La bomba de ETA confirma al Supremo

Alas pocas horas de que la Sala 61 del Tribunal Supremo, por unanimidad de sus 16 magistrados, acordara rechazar las listas electorales de D3M y Askatasuna, ETA hizo explotar un coche-bomba frente a la sede de Ferrovial, una de las constructoras que participa en las obras de la alta velocidad ferroviaria que unirá Madrid con el País Vasco. La organización terrorista avisó de la colocación del artefacto, lo que hizo posible un amplio despliegue policial y que no hubiera que lamentar más que daños materiales en vehículos y edificios, además de un atasco descomunal en la zona Este de la capital de España. Era el primer atentado de la banda terrorista en Madrid desde la voladura en la terminal de Barajas, en diciembre de 2006, que causó la muerte de dos inmigrantes ecuatorianos y liquidó la tregua etarra. Lo más preocupante de este acto criminal es que induce a pensar que ETA tiene alguna infraestructura en Madrid, ya que la furgoneta que explosionó había sido robada el domingo en un pueblo madrileño y también estaba en Madrid el teléfono móvil desde el que los terroristas avisaron a la Cruz Roja de su acción. El significado de este atentado, dentro de la locura fanática del terrorismo, lo explicó bien el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba: la Policía y la Guardia Civil aportaron pruebas de que D3M y Askatasuna eran organizaciones-tapadera de Batasuna ETA, la Fiscalía y la Abogacía del Estado las hicieron suyas, el Supremo las consideró sólidas... y ETA lo ha ratificado con su actuación de ayer. Lo importante, aparte de que no se hayan producido víctimas personales en el atentado, es precisamente esto: por vez primera en la democracia, los cómplices de ETA y los partidos ideados por ella para aprovechar la legalidad democrática y tener presencia en el Parlamento de Euskadi van a fracasar en su objetivo. El 1 de marzo no habrá diputados en Vitoria que defiendan que es legítimo asesinar o coaccionar a los adversarios políticos. Es un paso más hacia la liquidación definitiva del terrorismo. Después de 40 años de muerte y sufrimiento, ocurrirá más pronto que tarde.

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