la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Por un cambio en la política económica

TIENE razón el presidente del Gobierno al dudar sobre las consecuencias últimas de las medidas que le presentan como algo más o menos inevitable. Las dudas sobre si la presión en torno al sistema financiero, el mercado de trabajo y la negociación colectiva, o el incremento de la carga impositiva, van a reducir la capacidad de prestar, aumentar los despidos y disminuir la ya débil demanda de consumo e inversión tienen suficientes fundamentos como para considerar un cambio en la orientación de la política económica. Algunas de estas medidas habrían sido necesarias hace diez o doce años, con el auge de la economía, pero hoy no dan respuesta a nuestro problema principal e inmediato, que es el paro; y, por consiguiente, empobrecen el futuro de todos. Sin ir más lejos, los ingresos fiscales de enero han sido muy bajos, lo que plantea otro aumento de impuestos.

La lógica económica no sigue una narrativa de causas y efectos más o menos probable, en el sentido de llenar el vacío entre los efectos negativos inmediatos de algunas de estas medidas, y un panorama posterior, imaginado, de crecimiento y empleo. Esa mejor situación futura puede simplemente no existir, o que lleguemos a ella en un estado de extrema debilidad, con un número insoportable de personas que se han quedado por el camino. La narrativa con la que se quiere acomodar las medidas no se corresponde con la lógica de las cifras. Las predicciones para la economía española en 2012 se mueven entre un crecimiento del 0,4% y una caída de 2,7%, con una media de -1,2%, que refleja las expectativas de las medidas restrictivas, que comenzó el anterior gobierno y ahora continúa el actual. Hasta ahora no hemos visto que la resolución y la firmeza se aplique a financiar el circulante de empresas solventes, a impulsar el comercio exterior, a salvar empresas viables y formar a sus trabajadores, reformar la Administración, o aprovechar el buen momento de la agricultura y el turismo y usarlos como palanca para la inversión y el empleo.

Recomiendo vivamente el trabajo de Richard Koo El mundo en una recesión de balance: causas, cura y política, con referencias concretas a España. Este economista es famoso por su libro sobre la crisis de Japón, y ahora aplica su razonamiento a la economía española. Por ejemplo, muestra el sinsentido de que alguna parte del ahorro español se invierta en deuda pública de Alemania, sin riesgo de tipo de cambio, y sin que haya una reciprocidad que mejore nuestro comercio exterior con ese país (y nuestro empleo). Casi el 30% del producto alemán -según un cálculo de la gestora de fondos Pimco- está comprometido por una combinación de deuda pública y privada, balances bancarios, participaciones cruzadas entre entidades de distintos países europeos, proveedores, demanda de bienes y servicios, con los países de la Europa del Sur. Por mucho que se justifiquen por criterios de mercado, ¿cómo aceptamos imponer restricciones tan fuertes a nuestra economía sin exigir un apoyo decidido para el empleo a los países e instituciones europeas, en lo que sería un esfuerzo comunitario para superar la situación desesperada en que estamos?

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