editorial

Dos campañas

LOS dos partidos con opciones reales de gobernar en Andalucía tras las elecciones autonómicas del 25 de marzo afrontan estos días de precampaña desde posiciones contrarias. Tanto PSOE como PP han decidido celebrar sus congresos nacionales a primeros de febrero, y celebrarlos en la capital de esta comunidad autónoma, subrayando a la vez la importancia estratégica de Andalucía en las respectivas organizaciones y la trascendencia de los comicios regionales próximos. Ahí se acaban las coincidencias. Quizás cambien las cosas cuando concluyan los dos congresos, pero el proceso precongresual está marcado por la diferencia. El Partido Popular se prepara para llegar a un congreso de los llamados "balsa de aceite". Con dos victorias electorales consecutivas y la hegemonía recién conquistada en el Gobierno de la nación, la gran mayoría de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos de las poblaciones más populosas, los seguidores de Mariano Rajoy se disponen, en realidad, a festejar las victorias del pasado año y armar la esperanza de otra más, precisamente la andaluza del 25-M. Las ponencias serán aprobadas sin dificultad y los eventuales cambios en los órganos de dirección serán refrendados tal y como los decida Rajoy. Esta imagen de unidad y entusiasmo permite que el candidato del PP a la Presidencia de la Junta, Javier Arenas, esté haciendo una precampaña serena y sin aristas, con propuestas concretas para los problemas de los andaluces y sin dejar de machacar sobre los asuntos que se saben dañinos para el PSOE andaluz. La situación que atraviesa el PSOE no le permite una actividad semejante. La voluntad de su candidato y actual presidente de la Junta, José Antonio Griñán, de agotar la legislatura hasta su plazo ordinario ha hecho que la precampaña electoral andaluza se entrecruce con las vicisitudes del congreso federal del partido. Un congreso dramático y cargado de tensiones, al que llegan los socialistas golpeados por la estrepitosa derrota del 20-N y obligados a optar entre dos candidatos a la Secretaría General que, habiendo compartido sillones en el Consejo de Ministros de Zapatero, se ven forzados a diferenciarse y criticarse en público. Los alineamientos, a veces dolorosos, de la militancia con estas dos opciones, y alguna otra que pudiera surgir a última hora, han resucitado precisamente en el PSOE de Andalucía viejas querellas y cuentas no saldadas. El PSOE andaluz aparece volcado hacia sí mismo, al menos hasta el congreso, y no ofrece su mejor imagen a los ciudadanos que han de votar.

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