la ciudad y los días

Carlos Colón

Un centenario con acento andaluz

HOY se cumple un siglo de la creación del Servicio de Identificación Dactiloscópica en la Jefatura Superior de Policía de Madrid. Aquel 25 de junio de 1911 España se incorporaba a una vía abierta 33 años antes por Henry Faulds y a una historia tan apasionante como una novela ambientada en Praga, la India colonial, excavaciones arqueológicas en el Japón, el París del Segundo Imperio, Buenos Aires y el Londres victoriano.

Una aventura inscrita en la también novelesca historia de los modernos cuerpos policiales creados a partir del modelo de la revolucionaria Gendarmería Nacional (1791) y la napoleónica Prefectura de Policía de París (1800) sobre la que reinó Fouché, a la que se añadió el cuerpo de detectives organizado en 1812 por el folletinesco Vidocq. La creación en 1829 de Scotland Yard y en 1842, a imitación del modelo de Vidocq, de su cuerpo de detectives de paisano ultimó el perfil moderno de la Policía. Los detectives sin uniforme fueron recibidos con reticencia por los ciudadanos victorianos: un policía de paisano no podía imponer el respeto debido al uniforme y se parecía demasiado a un espía que atentaba contra la sacrosanta privacidad británica. Dickens, convirtiendo a sus amigos detectives Jack Whicher y Charles F. Field en las primeras estrellas del cuerpo de detectives, contrarrestó esa mala opinión y puso la primera piedra de la mitificación del detective al crear al señor Buckett de Casa desolada (1853). Quince años más tarde el sargento Cuff de La piedra lunar de Collins consagraba la nueva figura policial.

En paralelo a esta historia de policías y detectives discurre la no menos apasionante de los científicos. El anatomista checo Jan Evangelista Purkine descubría en 1823 el carácter único de las huellas digitales. El agente británico en Bengala William Herschel utilizaba en 1858 la marca de las huellas digitales en los contratos para identificar a los trabajadores. El médico y misionero escocés Henry Faulds estudiaba en 1878 las huellas dactilares en la antigua cerámica japonesa y publicaba en 1880 un artículo en el que por primera vez se proponía el uso de las huellas en la identificación criminal. El croata-argentino Juan Vucetich creaba en 1891 un sistema de fichas dactilares que la Policía de Buenos Aires adoptó en 1894. Por fin Haque desarrollaba en 1897 un sistema completo de identificación de huellas que en 1901 adoptaba Scotland Yard.

En España la dactiloscopia fue impulsada por el médico granadino Federico Olóriz, autor del Manual para la identificación de delincuentes de Madrid, y adoptada por la Policía española hoy hace un siglo.

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