editorial

Un comercio sin límites horarios

LA Comunidad de Madrid ha reabierto un debate antiguo al aprobar un proyecto de ley para dinamizar su sector comercial basado en la premisa de ampliar la libertad de horarios de todos los establecimientos de venta al público, incluidos domingos y jornadas festivas. La iniciativa, como era de esperar, ha terminado trasladándose al ámbito nacional a pesar de ser competencia de las comunidades autónomas, ya que el papel del comercio es esencial para animar el consumo y, en la medida de lo posible, paliar los efectos de la profunda crisis económica. Esta materia ha sido históricamente objeto de controversia: en España ya se ensayó dicha fórmula en 1985, cuando el Decreto Boyer fijó la libertad de horarios comerciales, aunque posteriormente dicha normativa fue modificada en 1993 con criterios restrictivos. En 2000 la legislación comercial fue de nuevo reformada, ampliándose entonces el límite de horas semanales, aunque sin llegar a la libertad total de horarios por la que ahora opta Madrid. En un momento en el que en Europa y en el resto del mundo esta cuestión ni se discute, en nuestro país todavía se perciben resistencias a cualquier cambio. Algo que no parece lógico, sobre todo cuando, gracias a internet, puede comprarse durante las 24 horas del día con una simple tarjeta de crédito. Parece obvio que en esta cuestión hay que adaptarse a los tiempos y profundizar en la liberalización de horarios, aunque la decisión de abrir más días sea adoptada por los propios empresarios con total libertad, lo que implica eliminar las actuales trabas para que cada uno pueda tomar sus propias decisiones. El sector minorista ha sido reacio a este tipo de iniciativas por considerar que le perjudican frente a las grandes superficies, con más medios para abrir sin restricciones, tesis en la que además coinciden sindicatos y patronal. Este factor, sin embargo, no puede obviar otro: los consumidores, según los estudios de las asociaciones que los representan, son favorables a que exista una mayor flexibilidad de horarios comerciales. El comercio es la sangre de las ciudades y de la economía. Ponerle trabas no parece inteligente.

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