Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Así se construye un país

HAY ministros que lo están haciendo muy bien. Por ejemplo García Margallo, que ha dado una lección de civilidad y política de Estado convocando a todos los ex ministros de Exteriores para pedirles opinión sobre la modernización del servicio diplomático español. Otros se estrenaron, como la onubense Báñez, proclamando a los cuatro vientos la ruina del país y la herencia recibida. Los ministros no deberían dar mítines, pero vienen elecciones en Andalucía y el Gobierno necesita amparar las impopulares medidas de subida de impuestos y reducción del gasto. Como las decisiones contradicen su doctrina y sus promesas, acude a la propaganda. O, mejor dicho, a la demagogia.

Ahora resulta que el traspaso de poderes no fue tan ejemplar como pregonó la vicepresidenta Santamaría y deslizan que se ocultó la cifra de déficit. Penoso. La mayor parte de los 15.000 millones de déficit de las comunidades autónomas se han producido en regiones gobernadas por el PP; no cabe ni ocultación ni sorpresa. El hachazo a las cuentas públicas y el aumento de impuestos me recuerdan la cándida manera que tenían de explicar el futuro Rajoy, Arenas y sus muchachos hace meses. El asunto era que había que dar confianza al país, y bajar impuestos para que circulase más dinero, las empresas pudiesen invertir y se creara empleo. Y que quitando asesores y coches oficiales, para dar una lección de austeridad, la cosa iba a girar como por ensalmo. Pues ya ven.

Margallo, por el contrario, en vez de dedicarse a denigrar al Gobierno saliente o a tomar por tontos a los ciudadanos, ha convocado a todos sus antecesores en el cargo, incluidos los dos ministros que han ocupado su cartera en los ocho años de Zapatero. El miércoles se reunieron Marcelino Oreja, José Pedro Pérez-Llorca, Javier Solana, Abel Matutes, Josep Piqué, Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez. Faltaron cinco jefes de la diplomacia española durante la democracia: Areilza y Fernández Ordóñez han fallecido, Morán está enfermo y Westendorp y Ana de Palacio no pudieron asistir.

Se trata de reformar el servicio exterior español para que funcione de manera eficiente, ayude a las empresas a exportar y mejore la imagen de marca de España en el mundo. Las relaciones exteriores son una política de Estado que necesita consenso. Ya lo hubo en la crisis de Libia el año pasado, sin ir más lejos. Los reunidos hablaron también del futuro de Europa. Y estuvieron de acuerdo en que las carencias de la unión monetaria y económica tienen una solución política. Y que con austeridad fiscal no basta para salir de la crisis económica, que faltan medidas de estímulo para ayudar al crecimiento. Así se construye un país.

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