Alto y claro

La cosa empeora: subida de impuestos a la vista

PARA ser una mera "reflexión personal", la cosa ha tenido bastante recorrido. Se ve que no es lo mismo lo que piensen unos que lo que cavilen otros. Siempre hubo clases, incluso intelectuales. Aunque después de que el presidente Zapatero acuñara aquella grandiosa frase -"bajar los impuestos también es de izquierdas"- muchos ya no saben qué pensar. Como decía, sin ánimo de ofender, el bolero: ¿se pueden tener dos criterios opuestos sobre un mismo tema en menos de un año y no volverse loco? Más bien parece lo de Marx (Groucho): "Éstos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Versatilidad, se llama (para algunos) la figura. Para otros tiene otro nombre.

El caso es que la tormenta económica -tan perfecta- no amaina. Y existe el riesgo de que la cosa se ponga incluso peor. Si hace quince días eran Francia y Alemania quienes parecían dejar atrás la crisis, esta semana ha sido Japón, la segunda economía mundial. Aquí, pese a las expectativas de la bolsa, seguimos varados. Y con una más que probable subida de impuestos en el horizonte. Algo que aterroriza a las clases medias -las rentas más altas cuentan con sistemas legales muy depurados para minimizar el impacto del fisco sobre su patrimonio- y que últimamente se administra con bastantes dosis de demagogia. "Hay que ayudar a los que lo están pasando peor con la crisis. Y para eso quienes tienen más recursos deberían apretarse el cinturón", argumenta el ministro de Fomento. "Esto lo entiende toda la sociedad", insiste. Vale. Otra cosa es cómo acometer este gesto de solidaridad. Si cargando más las espaldas de los que todavía siguen endeudados pero vivos -económicamente hablando- o, acaso, es sólo una idea, ahorrando los millones de euros que se pierden en cosas superfluas, desde el protocolo a algún ministerio. "Eso es el chocolate de loro", dirán. Puede. Pero hay fortunas que se construyen con granos de arena. Véanse los micropagos: las empresas de telefonía ganan con los SMS más que con las llamadas. Esto se veía venir. Ya lo dijo Leguina hace unos meses, cuando nos subieron la gasolina y el tabaco. "Pasar en un año de un superávit moderado a un déficit del 10% es un salto demasiado grande. Es insostenible". Lo que tampoco parece sostenible es que, después de los daños colaterales del euro, los españoles podamos aguantar otro solidario apretón fiscal.

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