la esquina

José Aguilar

Por qué no debatir

HAY quien ha querido ver la larga mano de Rubalcaba detrás de la decisión de Marcelino Iglesias, secretario de Organización del PSOE, de prohibir un debate cara a cara entre el propio Rubalcaba y Carme Chacón, los dos candidatos que, de momento, aspiran a dirigir el partido por el desierto que ha de atravesar por su mala cabeza.

Esta teoría tiene una base cierta: la autoridad de Iglesias en el PSOE actual es muy accidental y perfectamente cuestionable. Si Rubalcaba y Chacón quieren sinceramente debatir, lo harán. No veo yo que se les pueda impedir. Comoquiera que fue Chacón la que propuso el cara a cara, parece que la negativa debería proceder de su contrincante. Pero eso tampoco se entiende. ¿Qué temor va a tener Rubalcaba a enfrentarse dialécticamente a la ex ministra de Defensa? A simple vista su capacidad para exponer y replicar de modo convincente es superior a la de la sarcásticamente rebautizada como Carmen de Olula.

Yendo al fondo de la cuestión, tampoco existen razones objetivas contra el eventual debate. El argumento oficial, conocido vía Marcelino, es que en el cara a cara, y puesto que los dos quieren ganar a toda costa, se producirán enfrentamientos susceptibles de abrir una brecha en el partido y dividirlo entre seguidores de uno y otra, en un momento en que el PSOE necesita estar más unido que nunca. Pero, si bien se mira, el enfrentamiento tiene lugar cada día y en cada uno de los actos que organiza cada candidatura (incluso se puede decir que existe desde la primavera pasada, cuando Rubalcaba abortó las primarias que pretendía Chacón). Es inevitable.

Lo único que pasa ahora es que se mandan recaditos a través de los medios de comunicación, ambos se dedican a captar adeptos y sus respectivos partidarios se enfrentan en las agrupaciones de base. Normal. O sea que haber debate haylo, sólo que por vías interpuestas. Lo que no hay es debate directo entre los dos, sin intermediarios y mirándose a los ojos, explicando qué propone cada uno para sacar al PSOE de su abatimiento y confrontándolo con lo que propone el otro. El segundo argumento oficial contra el debate -que la elección del nuevo secretario general es un asunto interno que sólo compete a los socialistas- resulta completamente absurdo. El congreso tiene interés público y todo lo que Chacón y Rubalcaba vienen haciendo estos días lo vienen haciendo para que el público se entere. Muchas cosas no las harían si tuvieran que organizarlas en las sedes y supieran que se quedan entre sus paredes.

Total, que todo el litigio consiste en decidir si los dos candidatos enfrentados van a un cara a cara al final de sus campañas o siguen, como hasta ahora, contestándose a través de los periódicos.

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