La tribuna económica

Gumersindo Ruiz

Una decencia mínima

RESULTA difícil escribir sobre las prestaciones por desempleo, pues surgen inevitablemente todos los lugares comunes del tema. Uno de ellos, que este tipo de subsidios es temporal y que la solución del problema está en evitar un desempleo tan elevado; otro, el carácter del pago que se realiza y la precaria situación del que lo recibe, lo que nos enfrenta a un dilema, pues no puede dejar de pagarse ya que la gente necesita vivir de algo, y no podemos evitar pensar que hay en este sistema algo de fracaso colectivo.

La medida de ampliar el subsidio de desempleo en 421 euros mensuales, durante seis meses, a aquellos a los que se les hubiera agotado la prestación desde el 1 de agosto, ha vuelto a poner de relieve estas contradicciones. Preocupa el sentido de urgencia de la medida porque no sabemos el alcance que puede llegar a tener el paro y, por otra parte, es difícil moralmente oponerse a ello.

La cantidad que se dedica, en junio de 2009, a prestaciones por desempleo, que incluye las contributivas, esto es que tienen una correspondencia con lo que se ha cotizado, los subsidios, la renta de inserción laboral y el subsidio agrario, es de 2.550 millones de euros. Esta cantidad no es tan grande, y la economía española puede asumirla; el problema es que crece un 63% respecto a 2008, año en que ya creció un 34%, y los beneficiarios han pasado en estos dos años de menos de un millón cuatrocientos mil, a dos millones seiscientos. Andalucía supone el 25% de los beneficiarios del sistema y el 20% del gasto. Un dato muy relevante es que sólo el 18% de los beneficiarios de prestaciones contributivas son de Andalucía, frente a un 27% de los que reciben subsidios, lo que indica que los parados son de larga duración y han pasado ya la fase en que cobran por lo que han contribuido. Además, casi el 40% de los subsidios que perciben por inserción laboral y la práctica totalidad de los eventuales agrarios son de nuestra comunidad.

Tres cuestiones, al menos, habría que considerar. La primera, que el pago por desempleo está pensado para hacer frente a un problema temporal, no permanente o de una dimensión excesiva. Las prestaciones deben vincularse a formación práctica y, en lo posible, a trabajos públicos, evitando cualquier forma de abuso. Segundo, hay que dotar a los trabajadores de un fondo personal para despidos, fiscalmente deducible, complementado con otro público que cubra y gestione riesgos sistémicos de desempleo, considerando el aseguramiento y la traslación al mercado de parte de esos riesgos. Tercero, evitar que el paro de larga duración tenga consecuencias de exclusión, sobre todo en el entorno familiar, y disminuya las oportunidades sociales de los hijos. Nada mejor para iluminar estas cuestiones que el pensamiento de Isaiah Berlin, para quien los valores y discusiones políticas y sociales han de concretarse en "una decencia básica, una moral mínima". Desde esta posición realista y humilde han de crearse las condiciones para una vida digna; porque nos enfrentamos no sólo a una escasez de recursos económicos, sino a una escasez moral que impide conciliar posiciones y opiniones políticas para sacar la economía adelante.

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