Puntadas con hilo

María José Guzmán

El día después

TORRIJOS se va y Zoido regresa. El alcalde mantiene que nunca se ha ido, pero ahora que se ha quitado el agobio de ser presidente del PP andaluz, su objetivo es seguir el ritmo que marca la ciudad en su corazón. La frase (cursi, sí) la tuiteó él mismo ayer minutos después de comunicar al consejo de alcaldes su decisión, henchido de felicidad. El de IU, menos pletórico, se limitó a informar de su dimisión en rueda de prensa y punto. Ni siquiera respondió a las decenas de comentarios, algunos más mezquinos que otros, que recorrieron las tertulias y barras de bares y las redes. Y ni una comunicación oficial más que la de la dirección de su partido. ¿Es que era necesario?

La vida municipal está politizada y judicializada. Y la verdad es que después de que el portavoz del gobierno local dijera que la única explicación que esperaba del concejal de la oposición era una pista sobre dónde está el millón de euros de la Fundación Desevilla, se puede entender que Torrijos, que se va argumentando entre otras cuestiones el acoso que sufre por sus imputaciones judiciales, rehuyera de cualquier cruce de palabras con el PP.

O no, porque una cosa es la política y otras las formas que deberían regir las relaciones entre munícipes y que también se han perdido. Como perdida está la confianza de los sevillanos en las soluciones para una ciudad que, el día después de una ida y una vuelta, no espera grandes cambios. Las luces navideñas se encenderán el viernes y, cuando se apaguen, se alumbrará un año preelectoral de nuevos y viejos rostros, eslóganes y promesas. Zoido y sus oponentes se juegan mucho. Pero Sevilla más.

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