La ventana

Luis Carlos Peris

De cuando dimisión suena a chino

DIMITIR es verbo que apenas se conjuga en esta tierra de garbanzos y de garbanzas, por lo que la sublime decisión tomada por Adolfo Arenas ha sorprendido al personal, ciertamente desentrenado en dicho menester. Decir señores, ya estoy yo en mi casa suena a música celestial como de órgano de Maese Ayarra bajo las bóvedas catedralicias. No me considero un experto en asuntos morados, pero a nadie se le puede escapar que el letrado Arenas ha obrado de aquesta guisa por un hartazgo insoportable de lo que percibía de su entorno. Suena a aquello tan socorrido de no sé si soy de los nuestros o al ¡vaya tropa! que soltó Romanones cuando se quedó fuera de la Academia de la Lengua a causa de unos votos prometidos que nunca llegaron. Arenas será más feliz tras desempolvar tan olvidada decisión y al señor arzobispo se le debería pedir que a ver si de una vez le coge el pulso al pastoreo y a la cosa.

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