Punto de vista

josé Ramón / del Río

El drago del Tinte

Adiferencia de otras capitales andaluzas, en Cádiz, rodeada por el mar y azotada por los vientos, no se dan bien los árboles. Sin embargo, los urbanistas que nos legaron el Cádiz romántico y neoclásico que hoy disfrutamos, se preocuparon también de ajardinar y arbolar las plazas de la ciudad, como la de la Merced, de la Reina, Santa Elena, Fragela, San Antonio, Candelaria y Mina y los paseos del Parque y de la Alameda. Algunos de los arboles que plantaron y que hoy no existen los hemos conocido los gaditanos que tenemos muchos años, como el ficus o árbol gordo de la Alameda, testigo discreto de nuestros amoríos juveniles, o el del Hospital Mora, donde nacerían varios de mis hijos. También conocimos la araucaria de la Plaza de Mina y todos los dragos que vinieron de Canarias y que en Cádiz vivieron felices, algunos casi tres siglos.

Pero de un tiempo a esta parte se han perdido algunos dragos centenarios, como el de la Facultad de Medicina o el de las Puertas de Tierra. Ahora uno de los más notorios, si no el que más, el del Callejón del Tinte, ha caído al suelo, en apariencia herido de muerte. Mientras que el Ayuntamiento dice que el árbol estaba en un inmueble propiedad de la Junta, al que no podía acceder por no tener la llave y que su cuidado correspondía a aquélla por estar inscrito como BIC, la oposición municipal, sus apoyos mediáticos y los ecologistas coinciden en culpar al Ayuntamiento del PP.

Dice la delegada de Cultura que el árbol no está muerto, sino vivo, y que puede recuperarse trasplantándolo a otro lugar, porque donde estaba le faltaba luz y le sobraba agua. Sin embargo, un ingeniero técnico agrícola lo niega, hasta el punto de apostarse con ella "lo que quiera", y además piensa que la misma falta de luz y el exceso de agua algunos años ha tenido en los más de 250 años en que estuvo en ese lugar. A lo peor lo que le ha ocurrido es que no ha podido soportar tantas administraciones y asociaciones ecologistas que querían ocuparse de él. Ojalá que sea recuperable, pero nada de trasplantarlo a otro lugar; éste no puede ser otro que el Callejón del Tinte, frente a la casa de los balcones de pecho de paloma, para que así pueda ver en la noche del Viernes Santo, como hasta ahora, al Cristo de la Buena Muerte y Cádiz no pierda una seña de identidad.

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