Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

23 efes

ERA bastante cateto que Juan Carlos Rivero se empeñara en recordarnos durante toda la retransmisión del España-Inglaterra que el 23-F de La 1 se había convertido en la miniserie más vista de la historia televisiva española. Hombre, en un género que no se ha prodigado por nuestros canales, el reto era asequible. Hace un par de años las tv movies se financiaban a desgana, por imperativo legal, y ahora todo el mundo anda interesado en apoyar nuevas miniseries, picotazos efectivos en el audímetro. Y cuanto más recientes y escabrosas sus entrañas, mejón. Los que mandan en las cadenas reflejan el alma de este país de cataclismos sentimentales. Ahora toca la moda de las miniseries en televisión. Y hacer la pelota al Rey, o todo lo contrario, descubrir una vena republicana que ni los jacobinos. Lo mismo un día elevamos al altar al abuelo de Leonor como mascullamos unas sospechas que fueron despejadas hace ya bastante tiempo. 23 F el día más difícil del Rey se postra ante el temple de timonel del monarca y eso ha gustado y también ha exasperado a quienes no creen que en la Zarzuela se moliera trigo limpio cuando entre todos masacraron a Suárez.

Lluis Homar no se parece al Rey, ni tampoco la Familia Real, un tanto irreal en la ficción (en apariencia y en esencia). Dos de los veteranos se salen del mapa de la correcta serie: Pepe Sancho, el que mejor interpreta a un facha de diccionario, como Miláns del Bosch; y Emilio Gutiérrez Caba como un astuto Sabino Fernández Campo. El personaje real es el más beneficiado. Antena 3, por adelanto en el calendario, quiso desbaratar la recreación académica de TVE. La miniserie de los militares de la cadena privada, también aceptable, en realidad tocaba de soslayo el intento de golpe de estado. Pero, como en aquel tejerazo del que nos libramos, la cuestión parece ser jugar al escondite con el personal.

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