La tribuna

Jabo H. Pizarroso

La incapacidad de Rousseau

EL margen de maniobra de los gobiernos queda en entredicho con la actuación avasalladora de las agencias de rating, sí, las mismas que dieron matrícula de honor a las subprime y abrieron la puerta a la crisis y volatilización el dinero de especuladores que informe en mano quisieron hacer el negocio del siglo especulando con las propiedades de hombres y mujeres sin recursos. Con ellos voló el dinero de los bancos y aumentó la deuda de los estados. Son ellas las que ahora se erigen en profesores de los gobiernos y convocan a éstos a ser Pinochos con la nariz crecida. Ya están ellos para poner las notas, marcar las correcciones que haya que marcar y generar corralitos cuando la fantasía ideada para la pura especulación y contra la economía real así lo determine.

La soberanía popular que activa o desactiva mayorías mediante la urna transparente y la minúscula decisión de votar, minúscula, pero, hasta donde sabemos, poderosa, y uno de los ejes del contrato social que genera justicia y libertad, pierde puntos. Porque el fondo de la cuestión de este asunto está nada más y nada menos que en eso, en la pérdida de la capacidad decisoria de los gobiernos para emprender políticas de un tipo o de otro.

Sólo hay que ver lo que está ocurriendo en Grecia, y lo que presumiblemente va a ocurrir en España y Portugal, algo que también, de manera más latente, está ocurriendo en otros gobiernos. No hablemos de ética porque la ética de estas agencias no es que sea dudosa, es que no existe. Pero la lógica es apabullante y demoledora. Y la lógica no es otra que la lógica del mercado a la que hoy por hoy no hay manera de enfrentarse, por lo visto.

La política muere así. Y al morir la política muere la detentación de la soberanía popular, porque no es que se deslegitime ésta, es que se convierte en algo no vinculante. Decidir una política u otra de acuerdo a la confianza en uno u otro programa electoral forma parte de los vericuetos del razonar sentimental e intelectual de los ciudadanos de un país democrático cada vez que se presenta la ocasión de elegir, ya no sólo a sus gobernantes, sino el programa de gobierno que éstos van a desarrollar.

Pero por lo visto, sea cuál sea esta decisión, lo importante es ser triple A positiva en los informes de las agencias de calificación. Porque debido a la deuda acumulada durante este tiempo, los estados limitan su poder de acción en función de las correcciones que implícitamente obligan a imponer a los Estados estas agencias. Y esto sí que es un cambio drástico que afectará y mucho a la manera en la que de aquí en adelante se reestructure la funcionalidad de los gobiernos democráticos de Occidente. Y no es algo que ataña sólo a gobiernos de éste o de aquel signo. Esto es algo que afecta por igual a la capacidad de actuación de todos y cada uno de los gobiernos, que, puede que a partir de esto se vea mermada hasta el punto de que la voluntad política legitimada por el refrendo popular se convierta en una voluntad de mantequilla, una voluntad de marioneta gobernada por un Gepetto que destruye y crea Pinochos a mansalva con cara de gobierno a golpe de informe de rating.

La gran paradoja llega al sabernos fuera de un mundo posible cuyo sueño preparatorio no era otro que el de la ampliación de la capacidad decisoria de cada ciudadano. Cada ciudadano, mediante las nuevas tecnologías y la democratización de la información, la educación y la cultura podría ser, y de hecho se planteaba que fuera, una célula decisoria en el engranaje de todo el organismo democrático de la aldea global. La libertad ciudadana de elección política, y recurro al origen etimológico de la palabra política, es la que construye el ordenamiento democrático tal y como lo conocemos. Y los políticos son los garantes de esto. Ellos representan la soberanía popular a la que tienen que rendir cuentas. Pero las deudas contraídas por los gobiernos con la crisis desvirtúan esto. Las cuentas no se rinden ahora a la ciudadanía, se rinden a los prestamistas y éstos se informan mediante las agencias de rating cuya eficacia nunca se ha cuestionado hasta el punto de perder la hegemonía decisoria.

Han echado un pulso a los gobiernos, sobre todo europeos. También a Estados Unidos porque China, atendiendo a su proyección geoestratégica, ya se ha encargado de ser prestamista y agencia de rating de Estados Unidos. Pero Estados Unidos se salva porque detenta el poder militar mundial, cosa que Europa no tiene. Van a por el euro. No les para nadie. Pero lo más preocupante es la sibilina instauración de un contrato social de farsa, ilegítimo, que tiende a subvertir la espina dorsal de la democracia en aras de los intereses económicos de los que especulan sobre y contra la economía real, como se ha visto en esta crisis. Sólo queda que Europa enfrente el pulso y lo gane. No lo lean si no quieren, pero la "democracia", y ahora la entrecomillo porque no sé en qué quedará, está mutando.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios