La ventana

Luis Carlos Peris

Qué mano de obra la de llevar un pollo a los toros

DESDE los tiempos del Cordobés, aquel Benítez que ponía las plazas a reventar, no veíamos algo igual. Y le pasó a un torero que anda en esa línea de heterodoxia que puso rico al de Palma del Río, al jerezano Padilla en su triunfal vuelta al ruedo. Cuando iba por tendido 11 le tiraron un pollo vivo, como aquellos que le tiraban al Benítez en recuerdo a su época de robagallinas. Y da eso que pensar, pues hay que ver la mano de obra que debe tener llevar un pollo vivo a los toros, la de picotazos y arañazos que dará el pobre animalito desde el domicilio del individuo que lo porta hasta que es arrojado al ruedo en agradecimiento al torero victorioso. ¿Y si el torero al que se destina el regalito no está bien? ¿Otra vez con el pollo a casa? ¿En autobús, quizá? Otra cosa es orinales o rollos de papel higiénico, que son objetos inanimados, pero un pollo en perfecto estado de salud... Hay gente pa tó.

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