La ciudad y los días

Carlos Colón

Con mantilla y bata de cola

SALIÓ por Raphael el alcalde: hará la torre Pelli "digan lo que digan, digan lo que digan, digan lo que digan los demás". Le contestará también por Raphael el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) que asesora en cuestiones patrimoniales a la Unesco: "Escándalo, es un escándalo". Y harán de coro, igualmente por Raphael, los sevillanos para quienes la ciudad es algo más que un objeto de usar y derribar, gimiendo: "Haz amigo el favor de no hablarme de ella aún. Todavía es muy pronto y la sueño. Todavía su amor lo recuerdo. Haz, amigo, el favor de ignorarla delante de mí. Ni siquiera pronuncies su nombre, que aún mi alma esta hecha jirones".

Así va y así es de temer que irá la comedia musical sevillana con música yeyé, porque se maltrata hoy a la ciudad con la misma alegría con que se la maltrataba en los años 60 y 70, que se está representando en torno a la torre Pelli. Tarde (porque el informe definitivo saldrá cuando todas las decisiones legales han sido tomadas y la marcha atrás sea imposible) y mal (porque se da a la torre más importancia por su impacto "sobre" el casco histórico que a los impactos que se han producido "en" el propio casco: Alameda, Alfalfa, Plaza del Pan, setas de la Encarnación) llega el informe. Se lo pone así de fácil al alcalde quien, tras recordar que estos informes no son vinculantes, se ha limitado a decir que "la decisión está tomada" y que la torre "se incorporará sin ninguna duda al paisaje de la ciudad". Eso sí, asegurando que "matizaremos lo que haya que matizar".

¿A qué se refiere con lo de "matizar"? ¿Le quitarán dos o tres plantas, le añadirán unos cuantos balcones de forja y la adornarán con macetas de geranios? En los terribles años 60 y 70 se planteaban reformados sevillanistas de estas características. Quien quiera reírse (o llorar), que lea las hispalenses matizaciones que envió el Ayuntamiento a El Corte Inglés tras autorizar la construcción del edificio en la plaza del Duque: poco más que revestir el gigantesco cubo con rejerías y azulejerías de falso estilo sevillano.

No sé si las "matizaciones" a las que alude el alcalde van por este camino y acabaremos viendo la torre Pelli con mantilla y bata de cola, como vestían a la Giralda en las coplas. O quizás, porque no debemos olvidar que este es un Ayuntamiento de progreso, con los peinados, peinetas y trajes (o no trajes) de flamenca con que el espabilao Rubén Afanador vistió (o desvistió) a las flamencas en la recordada exposición que durante la Bienal convirtió la Avenida de la Constitución en una especie de ¿Qué fue de Baby Jane"de Aldrich por bulerías.

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