Las meditaciones de Alfredo

Como un Rodin de la Plaza Nueva, junto a su fiel cirineo y con uniformidad estival de cuello abierto. Monteseirín medita. Se arrima a Marchena, que aparece a su derecha y que se revela como su amigo cierto en la hora incierta, que ya decía el aforismo clásico aquello de Amicus certus in re incerta cernitur ("El verdadero amigo se conoce en las situaciones difíciles"). Alfredo piensa. Luego existe.

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