DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

El minué del poder

EN el PSOE niegan que estén sufriendo movimiento pánico o sísmico alguno, pero también negaron la crisis. Habría que crear un nuevo refrán: "Dime qué niegan y te diré qué pasa".

Desde la barreda, resulta interesante observar cómo se suceden los acontecimientos. El baile es un paso adelante y otro, más pequeño, atrás, y alguno a un lado y luego al otro, como en un minué o así. La rebeldía de Tomás contra Zapatero y su victoria, que también lo fue, faltaría más, de Zapatero, marcaron -adelante, atrás, al lado- los primeros compases. Barreda ha hecho unas declaraciones prestissimo con bravura en las que confesó que su partido va a la catástrofe electoral, y elogió a Aznar (¡a Aznar!) por limitar su mandato. Barreda sabía que tendría que dar la marcha atrás correspondiente, como ha hecho. Pero la verdad es tan potente que, una vez dicha, ahí queda, por mucho que uno se desdiga después (con más o menos ganas).

En otros tiempos más gallardos los españoles presumíamos de Sostenella y no enmendalla. Hoy las presunciones van más bien por "Soltadla y recogerla, que en el ínterin ya va sonando". Hemos pasado de lo épico a lo maquiavélico, y es una pena que no hayamos encontrado un término medio entre la testarudez del Siglo de Oro y la posmoderna bajada de testuz (a menudo para embestir mejor). Pero, aunque sea con las nuevas formas, lo de Barreda queda.

Y ahora, qué abanico de tonos, timbres, matices, salvedades y sobreentendidos abren y cierran en su discurso todos los que salen a defender a Zapatero, y a negar la crisis interna. El juego del poder tiene mucho de baile barroco. Ellos saben que el aparato sigue pilotado por el presidente y saben que ha entrado en barrena. Quieren, pues, nadar y guardar la ropa. Si no nos jugásemos tanto, sería entretenido.

Aunque quizá lo del minué resulte una comparación demasiado versallesca. Esto se parece más al juego de la silla. Todos andan dando vueltas al ritmo de la música que hacen los índices de las encuestas al caer y caer y caer, y los abucheos al subir y subir, y bailan con el rabillo del ojo puesto en los sillones del poder. Cada vez que se pare la canción (elecciones municipales, autonómicas, nacionales) intentarán coger un asiento, y están dispuestos a dar los culazos que sean necesarios. Que las críticas a Zapatero hayan empezado cuando se avecina la catástrofe electoral, y no cuando la crisis, el paro, el desbarajuste institucional, la política internacional errática, etc., es desolador. Al pueblo le reservan el papel de público que toca las palmas, y les jalea. Dan ganas de mandarles con la música a salva sea la parte.

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