LA boda de Clooney supuso algo más que un suicidio sentimental entre las cuarentonas soñadoras (y siliconadas) de todo el planeta. Fue un auténtico fenómeno social, que denotaba aires frescos y nuevos tiempos en torno al amor. George, al sentirse soberanamente atraído por la inteligencia de su amada -la abogada Amal Alamuddin-, se atrevió incluso a pasar por el altar con ella venciendo a su alergia al matrimonio, y no es el único. A esta fiebre se han unido muchos más. Y es que ha costado pero el colectivo masculino cada vez valora más las inquietudes y el intelecto, por delante del mero atractivo físico de las féminas. La confianza en sí misma y una autoestima alta es lo más valorado. Adiós a las relaciones tradicionales y, lo que es mejor, a la mujer-trofeo.

Como Clooney otros famosetes, como Francisco Rivera, han apostado por relacionarse con chicas preparadas independientes, superando el miedo a la brillantez. Un estudio de la prestigiosa antropóloga Helen Fisher, investigadora de la Universidad de Nueva Yersey, respalda esta teoría. Y hay más versiones. Según el antropólogo Stephen Juan, estamos presenciando la muerte de la 'esposa premio' y el nacimiento de la 'pareja poderosa'. Mujeres tan atractivas como deseables desde el punto de vista sexual que además de saber sacar partido a su belleza tienen cerebro. El único problema podría ser la lucha de orgullos y egos, aunque si hay egoísmo, ¿de qué amor estamos hablando?

La experiencia dice que al final lo que redirecciona a las flechas de Cupido son las similitudes: los hombres ricos se casan con mujeres pudientes, los exitosos se casan con mujeres célebres y los bonitos se casan entre ellos. ¿Quién duda de que el matrimonio de Brad Pitt y Angelina Jolie no va como la seda? La transacción adinerado viejuno y joven belleza sucede, pero en contadas ocasiones, y cuando se da, no dura mucho. Ahí te he echado el cable, Isabel Preysler.

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