Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Un necesario paréntesis

CUENTA una leyenda popular que, después de quebrársele la voz durante una actuación, el trece de enero de 1957, Concha Piquer decidió abandonar los escenarios y que, cuatro años después -el tiempo que el médico le indicó debía permanecer en silencio para recuperar su voz-, la artista, acomodada a la vida familiar, decidió no volver a cantar nunca más.

Medio siglo más tarde, el torero Víctor Puerto ha sorprendido a sus seguidores con una actitud que, en cierto sentido, me recuerda a la de la tonadillera. Recuperado de una lesión de la rodilla que le ha mantenido alrededor de ocho meses en rehabilitación -y de la que ya tiene su alta médica-, el diestro ha optado, sin fecha concreta, por tomarse un respiro para recuperar parte de aquello que, al límite de la esclavitud de su trabajo, ha perdido en el camino.

Y así puede responder a la llamada de unos amigos de Ciudad Real, junto a los que ayer acudió para celebrar el centenario de una bodega; o planear un fin de semana en la playa; o realizar algún viaje; o, sobre todo, acompañar a su mujer, Noelia, con la que, de momento, no se plantea la paternidad que todos parecen desear tanto para la feliz pareja. "Imagínate que, si tomo esta decisión para estar más libre, no tendría sentido pensar ahora en niños", bromeaba el diestro conmigo demostrando, una vez más, su excelente sentido del humor. Y continuaba con las bromas: "Mi mujer está "disgustadísima" de poder pasar un verano junto a su marido".

A punto de cumplir los 35 a finales de agosto, el madrileño deja claro que no se ha cortado la coleta y que se trata de un paréntesis durante el que sí mantendrá algunos compromisos benéficos como los de los festivales de los que, pronto, formará parte. "Lo necesitaba para no enfermar. Por el toro he sacrificado mucho de mí y de los míos", reconoce este hombre residente en Sevilla y poseedor de uno de los talantes más generosos que jamás he conocido. Ojalá no siga el ejemplo de la Piquer y, por la afición, él sí regrese pronto. Mientras tanto, ¡suerte, maestro!

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