Plaza nueva

Luis Carlos Peris

De niñitos a niñatos

MIEDO da pensar qué generaciones están aflorando y, sobre todo, qué será de esta sociedad cuando esos niñatos ya no sean niñatos sino hombres con algo que ver en el rumbo de la susodicha sociedad. Calientes aún los ecos de la alarma social que aquí se levantó con las andanzas de cierta pandilla de jóvenes sevillanos, la noticia de lo que le ha ocurrido en Medina del Campo a una mujer es para poner pies en pared y pararse a pensar en qué es lo que está pasando, ¿por qué surgen alimañas así? Y enseguida salen a relucir los padres de esos angelitos, y cae uno de forma inmediata en aquel decálogo que Emilio Calatayud, juez granadino, se sacó de la manga en el corazón de un sinfín de sentencias ejemplares.

Decálogo irónico para formar a un delincuente desde su más tierna infancia, por el que se hace a los padres responsables directos del camino erróneo que toman esos niños convertidos en niñatos de tomo y mucho lomo. El decálogo empieza por darle al niño todo lo que pida desde que usa la razón para que crea que el mundo le pertenece. Continúa aconsejando que se espere a que sea mayor para enseñarle ética y la educación que él elija; reírles las palabrotas, no reñirle por ningún motivo, ir recogiendo todo lo que él vaya dejando tirado por la casa, que lea lo que le dé la gana, reñir con la parienta en su presencia, darle todo el dinero que pida, decirle a todo que sí y ponerse de su lado incondicionalmente en cualquier conflicto que sostenga con el prójimo más próximo. Y con ese decálogo irónico está definido el culpable si el chaval rompe en delincuente o en un pandillero de ésos como los que el otro día vejaron a una mujer de cuarenta años en Medina del Campo, Valladolid y patria chica de Isabel la Católica. Que no ocurrió en el Bronx ni fue un revival de West side story, sino en Medina del Campo, corazón de la Castilla profunda, quizá la más profunda de todas.

La culpa total es de unos padres permisivos y esos pensamientos en voz alta del juez de Menores Emilio Calatayud están fundamentados en su larga experiencia tratando con chavales complicados. Y debe tener mucho de razón, sobre todo en eso de lo contraproducente que suele ser hacer causa común con el muchacho frente a cualquier ataque exógeno, léase como exógeno un castigo del profesor o la reprimenda de una vecina como esa de Medina del Campo que se quejaba de que lanzasen piedras sobre su casa. Está claro que el juez atina en que los padres son culpables, pero no en su totalidad ni de forma excluyente, porque ¡ay de esos padres a los que les toca la china de un delincuente nato! La prueba es que hay familias numerosas de varios hijos modélicos y un desalmado. ¿Qué pasa? ¿No eran los mismos padres para todos los hijos?

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