ni flores

La pareja del verano

COMO buen viejoven que soy, lo de las ferias, jaranas y copeteos estivales me queda un poco lejos ya. Desde hace unos cuantos años considero los anuncios de Estrella Damm como auténticos cortos de ciencia-ficción. Creo que la última canción del verano que puedo recordar es la del Papi chulo. Asisto atónito a las listas que ha publicado Spotify con los temas que más se escuchan por ciudades, porque para empezar no me suena ningún grupo. En Almería se ve que está pegando durísimo el singleElla Quiere Hmm..Haa..Hmm, todo un alarde de composición cervantina de un tal Leka Poeta. Lo visualicé en YouTube a modo de documentación y aún sigo despertándome gritando por las noches.

Yo ya me muevo más en otros ambientes. Por ejemplo, la pareja del verano. ¿Hay algo más apasionante que ver quiénes se llevan tan prestigioso galardón cada año? El listón estaba alto. María Teresa Campos y Bigote Arrocet paseando su amor adolescente por las revistas era difícilmente superable. Pero con permiso de Vargas Llosa y la Preysler, ahora llegan José Coronado y Eugenia Martínez de Irujo y pulverizan todos los registros de calambres cerebrales, porque esto sí que no nos lo esperábamos. Es más, me lo juego todo al veinte negro a que si llegan a septiembre será milagro.

Coronado parece que, tras un pequeño parón de estabilidad emocional, intenta recuperar el tiempo perdido y seguir con su afán de no dejar escapar a ninguna con vida. Pero la duquesa de Montoro no se ha visto en otra igual. Lo que le dure que lo disfrute, porque estar con José Coronado es lo que tiene. El tío va camino de los sesenta y no hay Álex González que le tosa, por mucho torso desnudo que saque. Coronado incluso se puede permitir el haber renunciado a peinarse. Ya querríamos muchos llegar a las suelas de las sucias botas del zarrapastroso Santos Trinidad. ¡Rock and roll!

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