Alto y claro

La penitencia de Sevilla

HE tenidoque bucear en mis abandonados archivos para, a partir del informe Los números que hicieron de Sevilla la mayor Exposición de la historia, hacer mi particular ejercicio de memoria histórica. Sin entrar en exhaustivos desgloses y centrándome sólo en las grandes magnitudes, la inversión total destinada a Andalucía con motivo del V centenario del Descubrimiento en 1992 ascendió a 874.200 millones de pesetas. Sevilla, incluyendo su área metropolitana y la Exposición Universal en la isla de la Cartuja, disfrutó de una inversión -digamos que extraordinaria- de 555.809 millones, aunque como bien dijo Alfonso Guerra, la Muestra no fue más que un pretexto para poner en hora el reloj de las infraestructuras andaluzas y sevillanas, que tenía las manecillas ancladas aún en el siglo XIX en algunos casos. Acabemos de una vez con el mito: Sevilla, con serlo, no fue la gran beneficiaria del 92, sino Andalucía, esos hermanos nuestros que se sienten tan agraviados por ese otro falso mito del centralismo sevillano. Andalucía recibió un 57,28% más de dinero público que Sevilla hace ahora 16 años. Y la cantidad sería aún mayor si consideráramos que gran parte de los 100.000 millones de pesetas invertidos en la isla de la Cartuja por los 108 países participantes (más 23 organizaciones internacionales) se esfumaron con la demolición obligada (por el propio Reglamento de la Exposición, impuesto por el Bureau Internacional desde París) de infinidad de pabellones, de carácter efímeros. Parafraseando el libro Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, hay que hacer estos ejercicios de memoria cuando en el informe socioeconómico sobre Sevilla, recientementepresentado por la CES y la Cámara de Comercio, se estima que sólo en el periodo 2000-2007 las Administraciones Públicas han dejado de invertir 4.915 millones de euros (818.000 millones de pesetas, tres veces más de lo gastado exclusivamente en el recinto de la Expo) y que en el decenio anterior a dicho periodo la licitación pública por sevillano equivalió a menos de la mitad de la media nacional. Como le dijo Cicerón a Catilina: "Quo usque tandem abutere patientia nostra?" (¿Hasta cuándo abusarán de nuestra paciencia?).

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