Misericordina

Eduardo / Martín / Clemens

Dos pilares

LAS palabras quedan vacías y pueden llegar a ser hirientes cuando el lenguaje no se transforma en vida. El evangelio que sólo se anuncia para agradar es estafa para los creyentes. Cuando no duele, devaluamos lo que ocurrió en Jerusalén y que, en esta cuaresma, recordamos y revivimos.

Lo que el papa Francisco proclama con tanta gravedad no es más que la vivencia de lo cotidiano dejándose arrastrar por el evangelio y la atracción de haberse encontrado con Jesucristo. Además lo canta con una sonrisa que, limpia y natural, brota de lo hondo del corazón.

La cuaresma es grito silencioso que parte de la Iglesia para que, aplicándose a sí misma lo que proclama, se convierta en el eco de la misericordia de Dios y del precio de nuestra redención. Dos pilares nos pueden sustentar para entrar en lo hondo y profundo. Una lectura reposada de la parábola del Buen Samaritano (Luc.10.25-37) aplicada a hoy y salir a los caminos dejándonos contagiar por los apaleados y arrojados a las cunetas. No pasemos de largo, "acaso para llegar pronto al templo", levantémoslos y curémoslos con nuestros medios intentando ser bálsamo para todos y no vinagre que agría con denuncias estériles descargando sobre otros lo que a nosotros corresponde. Si queremos milagros, hay que poner los panes y peces que tengamos.

Si la Iglesia es cristiana y samaritana podrá empaparse mejor del otro pilar: la Pasión del Señor. Samaritana y Cristocéntrica: dos fuertes columnas en que apoyarnos para no desviarnos en este tiempo de Camino hacia la Pascua.

Cuaresma sevillana sobresaliente en cultos. Pero ha de estar en nuestro ánimo llegar a matrícula de honor en el compromiso por la justicia y los desfavorecidos y, sobre todo, en misericordia no limitada al perdón sino también al amor y aceptación a los diferentes e incluso a los enemigos.

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