Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Y de pronto, las vacaciones

ESTRASBURGO le pega un palmetazo de no te menees a la Judicatura española porque detectó manifiesta parcialidad en el arbitraje del partido librado por el fallecido Polanco y el juez Gómez de Liaño, a buenas horas, mangas verdes, pero nunca es tarde si la razón prevalece. La Policía portuguesa da por cerrado el caso Madeleine y justo al día siguiente ve la luz un libro escrito por el primer policía que intervino en el que no salen bien parados, por edulcorar las cosas, los padres de la niña. Las cifras de parados se van a la estratosfera y Solbes pasa de puntillas diciendo que en realidad no existe recesión, sólo que la economía nuestra no crecerá como él había previsto. O sea que volvemos a disfrazar la crisis con el eufemismo de la desaceleración mientras una ola de calor africano se llevaba de un golpe, de varios golpes de calor, a varios viejos y a algún joven.

Es el panorama que nos encontramos cuando el tiempo oficial de vacaciones asoma la gaita a pocos días vista y las carreteras se inundan de coches que van y vienen camino de no se sabe dónde. Camino, probablemente, similar al que llevamos en este país llamado España que se encuentra con curiosidades tales como que Viri, la mujer de Rajoy, se encuentre a una desconocida en la cocina, a la que había llegado como si en vez de ser la del jefe de la leal oposición fuese la de la vivienda de un currito cualquiera. Pero hay más, como eso de que algunos se extrañen de que Montilla, el charnego que habita en Sant Jaume, le dijese a Zapatero, su presunto jefe nacional, que le ama, pero que más ama a Catalunya. ¿Y qué iba a decir el honorable president? Ojalá fuese así el orden de prioridades de Zapatero y su interés por España prevaleciese sobre el de vascos, catalanes, gallegos, murcianos e gentes de mal vivir, a ver si de esa manera se arreglaba el panorama.

Y es que el dichoso panorama se las trae. Hemos insistido en que las cosas están de tal manera que la pesadilla se agrava con el despertar y también que la inquietud mayor en este tiempo de convulsiones es que eso de que lo peor está por llegar se alarga y se alarga tanto que el vendaval puede romper en tsunami. Demasiadas cuerdas para un violín que ya no resiste, demasiados problemas con el agravante de que discurren ante las barbas de nuestros gobernantes y éstos ponen la misma cara que pone la vaca cuando el tren pasa por la cercana vía, cero grados, ni frío ni calor. El desprestigio por la decisión de Estrasburgo de darle el partido a Gómez de Liaño es fuerte y si Polanco no hubiese fallecido se hubiese muerto otra vez al enterarse. O sea que se acercan las vacaciones estivales y, como los estudiantes sin vocación, los deberes no sólo no están hechos sino que da la impresión de que ni siquiera se empezaron alguna vez.

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