Editorial

Un proyecto estratégico

Aprincipios del año próximo se constituirá formalmente el consorcio que ha de llevar a cabo el Proyecto Guadalquivir, presentado el miércoles por el presidente Griñán, cuyo objetivo es la creación de riqueza a ambas orillas del río emblemático de Andalucía. Bajo la inspiración de la Consejería de Turismo, el consorcio integra a varios departamentos de la Administración autonómica, empresarios y sindicatos, ayuntamientos y las diputaciones de las seis provincias que baña el río. Se trata de promover el desarrollo de los municipios ubicados en las dos orillas del Guadalquivir bajo el paradigma de la economía sostenible y mediante la movilización de notables recursos públicos y privados. Esta movilización se destinará fundamentalmente a la construcción de nuevos equipamientos e infraestructuras para el ocio (sendero de 700 kilómetros a pie, en bicicleta o a caballo, estaciones fluviales para uso recreativo, deportivo y turístico, remodelación ferroviaria, recuperación de recursos naturales infrautilizados) que han de servir como motores del impulso económico de la amplia zona y del fomento del empleo. Con esta iniciativa se pretende, de alguna manera, dar respuesta a la idea, tantas veces analizada, de que el crecimiento económico de Andalucía en las últimas décadas ha estado caracterizado por la desigualdad, con un auge constatable de los municipios costeros frente a cierto abandono de la Andalucía interior, cuyos índices de desarrollo son notoriamente inferiores y perjudican la vertebración social de la comunidad. Así pues, estamos en presencia de un proyecto estratégico, que supera el horizonte de una legislatura y requiere de una convicción colectiva que lo sitúe por encima de los cambios políticos y los protagonismos personales, inevitablemente transitorios. Si la idea cala en este sentido y los agentes políticos, económicos y sociales la hacen suya, Andalucía saldrá ganando al instrumentar una parte sustancial de las inversiones en la dirección de una comunidad más equilibrada y armónica. Hace falta que el proyecto no quede en sólo una buena idea que desfallezca con el paso del tiempo, como otras en el pasado.

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