La ventana

Luis Carlos Peris

Sobre el puente más grande jamás vivido

EXPLOSIÓN de vida como calificativo adecuado para ese ir y venir de gente, auténticas riadas humanas, que se ha registrado en este último puente del año. Explosión de vida con banda sonora incluso, pues donde no sonaban villancicos allá que iba a una banda de cornetas y tambores para lanzar sus estruendos entre las vaharadas que emergían del asador de castañas. Mediodías rutilantes y noches con atascos peatonales en esas arterias que querían dejar sin iluminación navideña, señal inequívoca de por dónde van los tiros del interés viario. Y por si fuera poco, la atracción añadida de poderse uno topar con Cameron o con Tom, antes incluso de saber que el galán iba con su hija enjaezada a la sevillana. Cameron haciendo cola a la espera de mesa en casa de Juan Robles, pero es que no le ha faltado ni un perejil a este puente tan largo, tan intenso, tan lleno de vida, tan singular para un tiempo como el que sufrimos.

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