Desde mi córner

Luis Carlos Peris

La selección y los pendulazos

Se cierra esta noche el laboratorio al público y de él dependerá el estado emocional con que iremos al Tirol

ÚLTIMO ensayo general del equipo nacional y la verdad es que el penúltimo nos dejó un montón de dudas al descubierto. Hoy se termina el tiempo de laboratorio cara al público, los días avanzan a velocidad de vértigo, hablan y no paran de la Rusia de Guus Hiddink -ay, Guus Hiddink, qué recuerdos...- y sin que nos demos cuenta ya estará rodando el balón en el Tivoli de Innsbruck, la capital del Tirol, paraíso de esquiadores en invierno y de alpinistas en su estío. Ahí, en el Tivoli Stadion, arranca España así que pasen seis días, pero lo primero es lo primero y esta noche hay nuevo ensayo, ahora junto al Cantábrico.

Hemos ido de la ría huelvana al Cantábrico y bueno sería que los aires del Sardinero nos aclarasen unas ideas que han quedado muy en entredicho tras el bolo del Colombino. Aquel gol de los peruanos a Iker ha despertado a muchos de los demonios familiares que no sólo estaban adormilados sino que lo hacían bajo un clima emocional entusiasta y con un optimismo que no se sabe verdaderamente a qué demonios se debía. ¿Quizá a que Luis dejó de meterse en charcos a fuer de no ser importunado? No se sabe, pero lo cierto y real es que antes de Huelva vivíamos en un edén y tras Huelva, pendulazo anímico al canto, lo habitual en nosotros.

Toda la culpa viajó a lomos del gol inca tras el mal despeje de Marchena. Se ha hecho demasiado hincapié en el despeje de Marchena cuando se trató simplemente de un lance evitable por otros que o bien originaron el desaguisado o no estaban donde debían. Y con ese gol más el alimento de la importancia que Luis le dio en el análisis del partido se han abierto demasiadas dudas como herederas de las euforias anteriores. Es la ley nuestra de cada bienal, pasar del calor al frío por un quítame allá esas minucias. Hoy se cierra el laboratorio al público y de lo que se haga ante el Yanquilandia dependerá muy mucho el estado anímico con que viajemos al Tirol.

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