En tránsito

eduardo / jordá

"O swaldovich "

CINCUENTA años después del asesinato de Kennedy, todavía abundan las teorías que sostienen que el crimen se debió a un complot de la mafia y de los servicios secretos. En los años 60 y 70, por ejemplo, se repetía mucho que el criminal -Lee Harvey Oswald- era un agente comunista, y todo esto nos sonaba a camelo inventado por la policía para desacreditar a la izquierda y para ocultar las verdaderas razones del crimen. Además, al ser asesinado a los dos días por el dueño de un club de strip-tease, todo parecía confirmar las sospechas sobre el complot. Si habían matado a Oswald, era para callarle la boca. Aquello no tenía vuelta de hoja.

"El ser humano no soporta demasiada realidad", decía T. S. Eliot, y el asesinato de Kennedy lo demuestra. ¿Quién podía creerse a Lee Harvey Oswald, un americano que había sido marine y se proclamaba comunista? No, aquello era imposible, pensábamos casi todos. Pero lo bueno del caso es que Oswald era un americano de ideas comunistas que había sido marine -sus compañeros le llamaban "Oswaldovich"- y que incluso llegó a vivir dos años en la Unión Soviética. Pero es que la historia real de Lee Harvey Oswald es mucho más fantástica que cualquier conjura urdida por la mafia y los servicios secretos y los dueños de clubs de strip-tease. Y como el ser humano no soporta demasiada realidad, prefiere inventarse conjuras y complots en vez de enfrentarse a la verdad desnuda de los hechos y a la oscura trama del azar.

Oswald era huérfano de padre y tuvo una infancia itinerante: como un personaje de Raymond Carver, cada poco tiempo iba cambiando de ciudad y de familia adoptiva (su madre solía dejarlo con familiares). Aunque no era nada tonto, tuvo muchos problemas con los estudios. Tampoco se le conocían amigos. Le gustaba mucho leer y a los quince años se hizo marxista. Luego se hizo marine, y poco después cometió el acto más extraño de su vida: se fue a vivir a la Unión Soviética. Cuando un sorprendido agente del KGB, en Moscú, le preguntó por qué quería hacerse ciudadano soviético, Oswald le respondió con orgullo: "Por la grandeza de la Unión Soviética". Y el agente, estupefacto, le contestó con un insólito arrebato de sinceridad: "La Unión Soviética sólo es grande en literatura". Dos años después, decepcionado con la URSS, Oswald volvió a su país. Y un año más tarde, decepcionado con su trabajo aburrido en un almacén de libros escolares, decidió matar a Kennedy. ¿Por qué? Ah, eso es algo que sólo sabía Oswald y que nunca le contó a nadie.

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