el periscopio

León / Lasa

¿Quién toca el tambor?

EN Perú, un candidato de nombre sonoro y actitudes populistas -qué mejor combinación para ganar cualquier elección- se alzó con el triunfo en las presidenciales del domingo pasado. En una segunda vuelta necesaria, el margen de votos con la otra postulante -Keiko Fujimori, hija de su padre- ha sido estrechísimo, pero suficiente como para poder presidir el país andino durante los próximos años. La reacción de los mercados a los sondeos previos a las elecciones y al resultado final ha sido contundente: la Bolsa de Lima cayó casi un 10% en las jornadas precedentes; y hasta un 12% el lunes 6 de junio, cuando ya se había realizado el conteo de la mayor parte de las papeletas. Ese día, el 6 de junio, se llegaron a tener que paralizar las cotizaciones ante el desplome de las mismas. Ya se sabe: el dinero huye de las incertidumbres.

La mancha -en el sentido que prefieran atribuirle- del chavismo arcaico se extiende por Latinoamérica de manera incontestable. No sólo Venezuela y sus pulsiones militares sobre Colombia, sino Ecuador, Bolivia, quizá Paraguay y puede que Perú parecen encaminadas a orbitar en torno a un líder y unas políticas sociales y económicas que asustan a quienes manejan el cotarro financiero mundial. Aunque entre los defensores de la moderación de Ollanta Humala (nombre del candidato elegido) se postula la tesis de que el referente de éste es más Lula -y sus exitosas políticas económicas- que el caudillo bolivariano. Ya se verá.

En cualquier caso, entre las marejadas colaterales de la campaña electoral destacó en su momento -todo es líquido y contingente en este mundo acelerado- la renuncia de Vargas Llosa a seguir colaborando en el diario El Comercio (www.elcomercio.pe) por, manifestó, haberse convertido éste "en una máquina de propaganda de Keiko Fujimori". Lo curioso del caso es que ni Chávez ni Ollanta Humala responden a las premisas ideológicas que defiende el muy liberal Premio Nobel. Y probablemente ni siquiera Lula da Silva.

Ya dijo Churchill que la política hace extraños compañeros de cama. Pero con sistemas electorales como el que rige las elecciones presidenciales de Perú (first past the post), al menos se tiene la certeza de que gobernará quien, en una primera vuelta o en una segunda vuelta entre solamente dos postulantes, consiga más votos del electorado. Algo que, por ejemplo, no ha ocurrido siempre en las recientes elecciones municipales, donde gracias a tácticas negociadoras más o menos hábiles no siempre se aúpa como regidor al líder de la lista más votada. Lo importante, lo dijo alguien conocedor del tema, es saber "quién toca el tambor".

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