el periscopio

León / Lasa

¿Es usted pobre?

No es lo mismo vivir en una gran capital que en una pequeña población donde el coste de la vida y las posibilidades de gasto son menores

EN ese afán contemporáneo de ser capaces de medir absolutamente todo -apenas nos falta la posibilidad de aquilatar el amor, el odio o el dolor-, cada vez es más frecuente leer noticias según las cuales el porcentaje de españoles, andaluces o vascos que viven por debajo del llamado "umbral de pobreza" es éste o es aquél. Cierto que siempre me ha llamado la atención el saber cómo se realizan esos sondeos, qué datos se tienen en cuenta, a cuántos individuos se pregunta, etc, etc. Porque, entre otras muchas cosas, no es lo mismo vivir en una gran capital que en una pequeña población donde el coste de la vida -y las tentaciones o posibilidades de gasto- son infinitamente menores. Quizá eso constituya uno de los factores que, de un tiempo a esta parte, impulsa a muchos jóvenes españoles a emigrar no ya a la próspera Europa calvinista, sino a aldeas serranas apenas pobladas por una docena de viejetes. Francamente, les alabo el gusto y la decisión; y -nos consolamos algunos- si no fuera por esas ataduras insondables que se van tejiendo con el paso de los años, les seguiríamos sin dudarlo. No nos queda otra que esperar esa cada vez más complicada jubilación futura.

Como señala esta semana el profesor Joaquín Leguina en su artículo "Pobres" (El País), se suele calificar como tales a efectos estadísticos a aquellos que viven por debajo del 60% de la renta mediana de una nación, considerándose esa renta aquella a partir de la cual, por encima o por debajo, viven la mitad de las familias o individuos de un país. Falaz medida, indica acertadamente, porque con la misma, en una sociedad inmensamente rica, existiría un número considerable de "pobres" que en modo alguno deberían ser considerados como tales, y viceversa. Y porque, efectivamente, cosas muy diferentes son medir la igualdad o desigualdad de la distribución de la renta de un país, y otra muy distinta, la exclusión social: se pueden tener unos ingresos inferiores a ese sesenta por ciento anteriormente señalado pero, debido a una renta media elevada de una nación determinada, no poder ser considerado como pobre. Medir realmente la pobreza, más allá de estadísticas recurrentes y económicas, es caro, por eso no se hace. Dentro de la Unión Europea, el indicador Arope considera pobre a cualquier hogar que esté por debajo de uno de los tres siguientes indicadores: renta por debajo del 60% de la mediana (que ya hemos visto que no es indicativo); bajo consumo (quien no pueda permitirse cuatro de los siguientes gastos: pagar la renta o hipoteca, mantener la vivienda a temperatura adecuada, disfrutar unas vacaciones de al menos una semana al año, una comida de carne cada dos días, poder afrontar gastos imprevistos, tener y usar teléfono, lavadora, televisión en color o coche); o, en tercer lugar, baja intensidad en el empleo según un cociente complejo de explicar en estas lineas. Con todas sus imperfecciones, ¿se encuentra ustedes dentro de esa definición? Espero que no. Felices y merecidas vacaciones (de al menos una semana).

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