BREVIARIO

Alejandro V. Garcia

Las vacas catalanas ya no enviudan a las cinco

ME produce grima ver cómo algunos mastican la palabra libertad como si fuera un chicle. La mascan y la vuelven a mascar llenándose la boca y al mismo tiempo ejercitando los colmillos para nuevas dentelladas. En Italia Berlusconi ha echado a cajas destempladas del partido a su socio Gianfranco Fini. El partido que ambos fundaron se llama sarcásticamente Pueblo de la Libertad. Fini no ha dudado en reunir a los suyos e inventar, entre palmadas en las espaldas y abrazos, su propio grupo. Se llamará Futuro y Libertad. Será, dicen, la semilla de otro partido que quizá también se apellide Libertad. En España, salvando las distancia, la derecha clama por los rincones contra la falta de libertad. Se refiere a los toros. La abolición de las corridas, dicen, es un síntoma de la falta de libertad que ha consagrado el PSOE. A los toros suman el tabaco y los límites de velocidad en las carreteras. Toros, tabaco y coches: los tópicos más rancios del conservadurismo español. Implícitamente los detractores más enfurecidos por la decisión del Parlament reprueban las iniciativas populares, su tramitación parlamentaria y la votación consiguiente. Por salvar a la Fiesta. Todo envés tiene su cara. Y al revés. En Cataluña, gracias a la prohibición, las vacas ya no enviudan a las cinco.

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