Luchador por la Democracia

  • Convirtió el periódico que dirigía en el portavoz de la Iglesia frente al franquismo

Desde el 2 de abril de 1969 hasta el 29 de abril de 1972, El Correo de Andalucía vivió, dirigido por el sacerdote José María Javierre, la más significativa etapa de su historia, después de la fundacional en tiempos muy difíciles para la Iglesia católica. Fueron tres años asombrosos que tuvieron un fin aún más sorprendente: la defenestración del cura Javierre por la Editorial Católica Española con la aceptación del cardenal arzobispo Bueno Monreal. Fue el final inexplicable de un proyecto sin concluir.

Entre las sombras históricas del tardofranquismo sevillano están las razones que verdaderamente provocaron el cese del sacerdote José María Javierre en la dirección de El Correo de Andalucía y el posterior desmantelamiento de su obra periodística y del grupo de periodistas y colaboradores que la hicieron posible entre las primaveras de 1969 y 1972. Sobre todo porque la designación de Javierre como director había sido compartida por el cardenal arzobispo Bueno Monreal y la Editorial Católica Española. El prelado, además, apoyó siempre la trayectoria seguida por Javierre como fiel intérprete de los planes de la Iglesia para El Correo de Andalucía. De ahí su sorprendente cese exigido por la Editorial Católica y aceptado por el cardenal arzobispo Bueno Monreal, con el visto bueno también de los obispos de Huelva y Córdoba, González Moralejo y Cirarda, respectivamente, que habían asegurado la existencia del periódico con sus aportaciones económicas.

El citado sacerdote y periodista había sido durante su mandato en El Correo de Andalucía el factótum de un proyecto eclesiástico informativo de acercamiento a las fuerzas sindicales y políticas no franquistas de todas las ideologías; un plan de largo alcance y compleja ejecución, sobre todo en el día a día de las páginas de un periódico propiedad del Arzobispado, y en línea con la reorganización de la Iglesia española posterior al Concilio Vaticano II y la toma de posiciones ante el final del franquismo. Con Javierre, las informaciones laborales marcaron techos desconocidos en el periodismo español. Además, gran parte de las informaciones y comentarios sin firma sobre asuntos laborales fueron escritos por Felipe González y su equipo de colaboradores del despacho laboralista. Esta primera Sección Laboral del periodismo sevillano, desde 1970 hasta 1976, fue propuesta por Felipe González, Manuel Chaves, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Fernando Soto, Eduardo Saborido y el ex jesuita Eduardo Chinarro, siendo éste el encargado de dirigir la sección titulada Mundo Laboral en la que sin firma colaboraron todos los antes citados.

Había otras circunstancias en la vida de Javierre no mencionadas en la biografía oficial, que eran importantes para su nueva aventura periodística. Javierre había llegado a la Editorial Católica de la mano de Ángel Herrera Oria, el fundador, quien siempre le valoró como una persona excepcional. Tanta fue la compenetración de Javierre con el cardenal Herrera Oria, que a la muerte de éste en 1968, los directivos de Edica le propusieron que escribiera su biografía. No debe descartarse que la vinculación de Javierre con la Editorial Católica fuera diferente después del fallecimiento de Ángel Herrera Oria, sobre todo por su ejecutoria al frente de El Correo de Andalucía, periódico provinciano de la Iglesia que superó en protagonismo internacional al diario capitalino Ya. Para los corresponsales extranjeros, El Correo de Andalucía de Javierre fue una constante referencia. Incluso la revista francesa Monde du travail libre, publicación de la Confederación Internacional de Sindicatos Libres que agrupaba a más de 50 millones de obreros, reprodujo íntegramente el informe realizado por Felipe González y presentado como documento de un grupo anónimo de trabajadores, publicado el día 22 de febrero de 1972 y con honores de tercera página. Fue un aldabonazo nacional e internacional, pues el documento exponía con amplitud la situación real del mundo laboral y los principios democráticos imprescindibles para el futuro inmediato, de sindicalismo libre, derecho de huelga y libertad de reunión y expresión.

Cuando en 1956 comenzó la renovación de la enseñanza en los seminarios españoles, impulsada por los rectores de Vitoria y Avila, Angel Suquía y Baldomero Jiménez Duque, respectivamente, José María Javierre estuvo entre los divulgadores de la teología centroeuropea más avanzada. Desde su puesto de vicerrector del Colegio Español de Roma editó la revista Estría, considerada "una de las aventuras literarias más interesante" de aquella época, y en la que escribieron José Luis Martín Descalzo, Antonio Montero Moreno, José María Cabodevilla y el propio Javierre, entre otros muchos destacados sacerdotes empeñados en la modernización eclesiástica española y en marcar diferencias con el Estado y los poderes sociales afines. Eran los tiempos de Incunable, editado en la Universidad Pontificia de Salamanca por Lamberto de Echeverría; de los cineclubes fomentados por la Compañía de Jesús, de la revista El Ciervo de Lorenzo Gomis, en momentos en que la Iglesia ansiaba por respirar nuevos aires renovadores con espíritu autocrítico.

Tal era el hombre que, después de tres años de lucha al frente de El Correo de Andalucía y cuando parecía estar cercana la estabilización económica del periódico y el final del franquismo, se encontró con la reprobación de quienes menos pudo sospechar. ¿Qué fuerzas se alinearon contra Javierre y por qué causas? Cualesquiera que fuesen los motivos que decidieron su destitución en 1972, quedó claro que fueron muy poderosos y asumidos por sus principales valedores de 1969. Iban por la cabeza de Javierre sin contemplaciones. Y fue aún más significativo el cese fulminante por mediar una larga carta explicativa y reivindicativa de Javierre al cardenal arzobispo Bueno Monreal, que no fue atendida, pese a que el sacerdote y periodista pedía y justificaba su continuidad en el cargo hasta completar su misión.

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