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El viaje más etimológico de la historia

  • Santo aniversario. Se han cumplido 950 años del traslado de los restos de San Isidoro de Sevilla a León, fruto del pacto de vasallaje de Al-Mutamid con Fernando I.

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Asu lado, el baúl de la Piquer era una menudencia. Los traslados de San Isidoro son una parte sustancial de la historia de España. San Isidoro de Sevilla (560-636), copatrono de la ciudad, como consta en el escudo donde junto a su hermano San Leandro aparece escoltando a San Fernando. San Isidoro de Sevilla ni nació en esta ciudad ni en ella se encuentran sus restos. Se han cumplido 950 años del traslado de los restos de este intelectual desde Sevilla hasta León, circunstancia que ha llevado al arzobispo de la diócesis hispalense, Juan José Asenjo Pelegrina, a viajar a la capital leonesa para participar en este aniversario.

San Isidoro nace en Cartagena en una familia de la aristocracia hispanogoda. Dice Antonio Domínguez Ortiz en su libro España. Tres milenios de historia que su traslado a Sevilla "pudo estar relacionado con los disturbios ocasionados por la invasión bizantina". Conocido sobre todo por su obra Etimologías, que el mismo historiador relaciona con la impresionante biblioteca que tuvo este filósofo y arzobispo.

San Isidoro está muy presente en la ciudad que lo acogió. Da nombre al instituto de Educación Secundaria más antiguo de Andalucía, donde estudiaron desde los Machado hasta el Nobel Severo Ochoa, y que fiel a esa tradición libresca dispone de una biblioteca que es una de las joyas del centro. También está inmortalizado en un colegio situado entre Mateos Gago y Mesón del Moro, en el barrio de Santa Cruz, al que en domingos de elecciones suele acudir a depositar su voto Soledad Becerril. Y San Isidoro da nombre a una calle paralela a Pajaritos y perpendicular a Francos en la que vive el pintor y galerista Fausto Velázquez.

El traslado de los restos mortales de San Isidoro desde Sevilla a León en tiempos de difíciles comunicaciones es novelado por Frank Baer en El puente e Alcántara. Un reputado medievalista, cronista de la villa de Carrión de los Céspedes y catedrático de Historia de la Edad Media, Manuel García, sitúa en su contexto histórico ese desplazamiento ahora conmemorado y digno de los episodios que narra Nieves Concostrina. "El traslado de los restos de San Isidoro es resultado del pacto de amistad y vasallaje entre Fernando I, rey de León, y Al-Mutamid, rey de Sevilla". San Isidoro era hermano y discípulo de San Leandro, que ocupó antes que él la diócesis hispalense. También tenían una hermana, santa Florentina, que fue monja benedictina.

Fernando I, rey de León, el anfitrión de aquel icono de la cultura y el enciclopedismo medieval, era hijo de Sancho III el Mayor de Navarra, a quien sucede a su muerte como conde de Castilla y como consecuencia de componendas matrimoniales accede al reino de León, heredero del reino astur-leonés, punta de lanza de la Reconquista. Dice Manuel García que el reino de León era anterior al de Castilla, que nacerá en el siglo X en un territorio delimitado por los cauces del Ebro y del Tajo. Ancha es Castilla. Con el reino de León tuvo relaciones de vasallaje el condado de Portugal, que no era país independiente. Después lo sería y se convertiría hasta en imperio.

El vasallo leonés de Al-Mutamid es el rey de las mocedades del Cid, recuerda el medievalista. "El Cid era un niño cuando está en la Corte de Fernando I". Un rey que por tanto no aparece en la película sobre el Campeador encarnado por Charlton Heston, cortejado por Sofía Loren, y con la dirección del ex marido de Sara Montiel Anthony Mann. Castillos y leones que jalonan el perímetro de la antigua Fábrica de Tabacos donde está la sede central de la Universidad de Sevilla. Porque igual que lo de Castilla-La Mancha es un brebaje administrativo, hijo bastardo de la España de las autonomías, Castilla y León es un binomio que se pierde en la noche de los tiempos, en el otoño de la Edad Media del que hablaba Huizinga.

Las Etimologías de San Isidoro y el Poema del Mío Cid, estatuas ecuestres junto al Arlanzón y muy cerca del Guadalquivir, casa-palacio en Requena, la patria chica de Pablo Motos, son dos obras maestras de la literatura española hermanadas por estos episodios protagonizados por un santo del santoral y un santo del celuloide que en ambos casos supieron ganar batallas después de morir. Cartagena-Sevilla-León. Una variante visigoda de la más romana Bética, Lusitana y Tarraconense. San Isidoro es una prueba más de la fértil relación entre León y Sevilla. Fernando III, el rey que subió a la Giralda siglos antes de subir a los altares, es hijo de Alfonso IX de León y de doña Berenguela. Astorga y Ponferrada son una traslación norteña, maragata y berciana, del tándem que forman en Andalucía Úbeda y Baeza. De Gaudí a Andrés de Vandelvira.

En una época mucho más reciente, correspondiente al curso 1976-1977 del instituto y del colegio San Isidoro, el Betis ganó en el Vicente Calderón la primera Copa del Rey. El balón de esa final, vellocino de oro que en el último instante José Ramón Esnaola le arrebató a José Ángel Iríbar, está en el salón de una casa de Ponferrada, la vivienda de José Eulate, un leonés que participó en aquella gesta balompédica que la memoria convirtió 36 años después en un pacto de amistad y vasallaje entre los paisanos de Al-Mutamid y Rafa Iriondo, el señor de Guernica que bajó a entrenar a las huestes verdiblancas.

Habrá vuelto monseñor Asenjo con energías renovadas de este viaje a León siguiendo la estela etimológica del santo visigodo que nació en tierra de cartagineses. Y habrá informado a quienes mantienen su legado que ahora gobierna en una diócesis entregada en cuerpo y alma a una legión de santas, las que pintó Zurbarán, que llegadas de los diferentes museos han creado un maridaje entre diseño y flamenco, entre postura y costura.

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