Sevilla FC

La fuerza de las consecuencias

  • La fatídica final del Wanda deja muy tocadas a tres figuras clave: los padres del proyecto, Arias y Castro, y un entrenador muy señalado ya, Montella

  • La inestabilidad es mayúscula

Óscar Arias, director deportivo, abandona la estación de Santa Justa tras la llegada del equipo. Óscar Arias, director deportivo, abandona la estación de Santa Justa tras la llegada del equipo.

Óscar Arias, director deportivo, abandona la estación de Santa Justa tras la llegada del equipo. / Juan carlos vázquez

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El 0-5 de la final del Wanda no ha hecho más que hacer saltar por los aires un polvorín que ha ido almacenándose a lo largo de los meses. La inestabilidad que reina en el club a todos los niveles se ha sobredimensionado y se esperan consecuencias en cadena, entre otras cosas porque la afición ya ha llegado a una unanimidad que antes no tenía al pedirlas.

Evidentemente, varias figuras han quedado seriamente tocadas después del fin de semana en Madrid, una cita a la que el club llegó con mucha ilusión y de la que vuelve con muchas preguntas en el aire. Está claro que los padres del proyecto son los primeros señalados. El presidente, José Castro, ha perdido muchos puntos en cuanto a popularidad y la prueba la tuvo cuando en la misma final tuvo que escuchar gritos de "dimisión", pero la presidencia es un tema más complejo que requiere mucho más recorrido, aunque exige también un análisis del momento actual.

Pero las figuras de Óscar Arias y Vincenzo Montella y sus trayectorias en el Sevilla pueden haber entrado en un momento de no retorno. No han gustado -una vez más- las declaraciones del director deportivo en varias emisoras de radio con el cadáver aún caliente en el Wanda. Buena parte del sevillismo se indignó al escuchar al onubense asegurar que "Montella ha hecho un buen trabajo" y que habrá que analizar las cosas con frialdad llegado el momento. Como es lógico, el técnico, que ve peligrar su puesto, tiene que vender el producto que fue su apuesta desde el mes de enero, y reconocer como fracaso la trayectoria del italiano es poner en entredicho (más de lo que ya lo está) su valía en la toma de decisiones.

Nadie duda que su futuro se ha complicado bastante, el club a más altas instancias estudia fórmulas para la temporada que viene en el departamento que él dirige desde la salida de Monchi y hay que esperar para ver la evolución de los acontecimientos.

En el caso de Montella pasa igual. Hay partidarios de que el italiano, después de lo del sábado, no continúe la temporada que viene aunque logre meter al equipo en la Liga Europa. También los hay que piden su cabeza ya, pero el consejo debe anteponer los intereses del club y ésos no son otros que lograr la clasificación para Europa como sea en los partidos que quedan. Será clave la reunión que mantuvieron el consejo ejecutivo con el entrenador y la disposición que éstos vieron en él, puesto que algunas declaraciones de Montella en la rueda de prensa posterior al partido tampoco han gustado.

Por último, está el tema de la presidencia, donde hay mucha tela que cortar. Por todos es conocido la guerra abierta y sin cuartel que se libra a nivel accionarial, la carrera sin escrúpulos (por varias partes) por comprar títulos a un precio desorbitado, pero con un supuesto turbio interés por detrás. Los rumores sobre una venta posterior a un grupo inversor chino están muy ligados a esta desaforada carrera por controlar el mayor paquete y, evidentemente, un terremoto como el que ha desencadenado la final de Copa es el caldo de cultivo perfecto. Así, José Castro no puede asegurar a ciencia cierta que vaya a seguir ocupando el cargo que ostenta. Su templanza o firmeza en la toma de decisiones en un momento clave puede ayudarlo o restarle más crédito.

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