Una pluma que no se cansa de amar

Ayer cumplió 83 años siendo dueño de una cautivadora filosofía de vida. Etapas que han de pasarse con ánimo y fortaleza, y con mucha pasión. La más dura, sin duda, la pérdida de su compañera de alegrías y desvelos hace varios años. Y la más dulce... de esas se ha labrado muchas, entre ellas, las que disfruta con sus dos hijos y dos nietos, que además coquetean con su vocación poética. Por tercer año consecutivo, cita a los amantes de la literatura y de la poesía en el Ateneo de Sevilla para darles a conocer su último poemario La tarde llueve amor. Un texto con varios relatos cortos en prosa literaria y 80 poemas en los que la única regla vuelve a ser que prima la libertad creativa. Como a Pedro Salinas, confiesa, no le gusta la poesía enjaulada, sino la que surge como un arroyo que espontáneamente busca su cauce. Aquella que es más bella, pura y vibrante. Aunque hay también sonetos y otras piezas, para los más ortodoxos. Una obra para los que como él hacen del amor el sentimiento por el que vale la pena poner negro sobre blanco y, sobre todo, vivir. Su editoria Inmaculada Calderón, de Los Libros de Umsaloua, y Manuel Cruz Giráldez, adjunto a la presidencia del Ateneo de Sevilla le acompañarán mañana en la presentación. Para la que hará en Valencia, le esperan pronto. Al igual que en su localidad natal en plena sierra onubense, Valdelarco, donde pasará el verano.

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