• La forma de vida de esta comarca metropolitana complica el confinamiento perimetral decretado con el nuevo estado de alarma

  • Castilleja de Guzmán tiene la mayor tasa de incidencia de la zona

  • La afluencia a centros comerciales y el tráfico se dispararon el día previo a las nuevas medidas

Crónicas de la segunda ola de la pandemia

¿Se pueden cerrar los pueblos del Aljarafe?

Un vecino pasea a sus perros por una zona de Cornisa, en Castilleja de Guzmán, con vistas hacia Sevilla. Un vecino pasea a sus perros por una zona de Cornisa, en Castilleja de Guzmán, con vistas hacia Sevilla.

Un vecino pasea a sus perros por una zona de Cornisa, en Castilleja de Guzmán, con vistas hacia Sevilla.

Juan Carlos Vázquez

El viernes por la mañana, primera jornada de cierre perimetral de la provincia y de cada uno de sus municipios, la estación Plaza de Armas, de la que parten los autobuses hacia el Aljarafe, ofrecía una imagen sorprendente por la escasez de viajeros. Nada que ver con los miles que se cruzan habitualmente en sus dársenas, aceleran el paso por la rampa o buscan las escaleras mecánicas.

Al bus de la línea M-175 de las 10:40 sólo suben ocho personas y se sientan equidistantes. El conductor calcula que la afluencia está siendo un 50% menor en su recorrido (Camas, Castilleja de Guzmán, Valencina, Salteras, Olivares, Albaida), pero refiere que la tarde previa fue tremenda: la idea de otro confinamiento disparó los viajes, llenó los centros comerciales y multiplicó las incidencias en el tráfico, que sus compañeros compartieron por los grupos de whatsapp.

Nadie en la estación pide certificados sobre las razones para romper esos cierres imposibles en una comarca que late con Sevilla y en la que los vecinos de sus pueblos se mueven como si de un único núcleo urbano se tratara: “Trabajo en Bollullos, tengo una hermana en Bormujos y a mi madre en Sevilla, con dependencia. Es imposible no salir de mi término”, refiere Victoria, vecina de Castilleja de Guzmán, donde otra se pregunta si teniendo el horno roto puede bajar a Camas a comprar uno. No hay tiendas de electrodomésticos en su pueblo.

La zona de locales comerciales de la Plaza de España de Castilleja de Guzmán, que sólo tiene un supermercado pequeño. La zona de locales comerciales de la Plaza de España de Castilleja de Guzmán, que sólo tiene un supermercado pequeño.

La zona de locales comerciales de la Plaza de España de Castilleja de Guzmán, que sólo tiene un supermercado pequeño. / Juan Carlos Vázquez

Tampoco hay controles en los accesos por la A-8077 a este municipio que, con 2.544 vecinos de derecho y uno de los términos más pequeños de Sevilla, se ha convertido en una especie de zona cero del Covid-19 en el Aljarafe, no por el número total de contagios –que es mayor en municipios con más población– sino por tener la tasa de incidencia más alta. Es el único que supera el millar de casos por 100.000 habitantes: 29 positivos en 14 días, ocho en la última semana, según los datos oficiales.

El hecho se ha relacionado con algo que convirtió a Castilleja de Guzmán en noticia hace unos 18 años: fue el pueblo con la tasa de natalidad más alta de país. Hubo protestas porque también fue el último de Sevilla en tener colegio. Aquellos menores del babyboom guzmareño son hoy adolescentes y jóvenes –el 33% de la población tiene entre 15 y 20 años– con ganas de relacionarse y expandirse. ¡Faltaría más!.

Sus quedadas en los balcones que Castilleja ofrece hacia Sevilla, a las que también acuden jóvenes de Valencina (400 chicos de Castilleja estudian en el IES Las Encinas) han sido frecuentes. Alguna vez, han motivado llamadas a la Guardia Civil y quejas.

Pero la alcaldesa, María del Mar Rodríguez, se niega a mirar sólo a los jóvenes para intentar explicar lo ocurrido, que responde a varios factores. Ha habido relajación por parte de todos y los chicos no son más responsables que los adultos que se han reunido en grupos de más de 10 buscando el clima de la Cornisa y sus casas, aunque se les haya visto menos, defiende.

La alcaldesa de Castilleja de Guzmán, María del Mar Rodríguez. La alcaldesa de Castilleja de Guzmán, María del Mar Rodríguez.

La alcaldesa de Castilleja de Guzmán, María del Mar Rodríguez. / Juan Carlos Vázquez

En el Aljarafe, a pesar de su elevada población, la incidencia del Covid-19 ha estado relativamente controlada hasta hace poco si se compara la Sierra Sur o la Campiña, donde la relación entre vecinos y familias es más estrecha y constante en municipios que sí funcionan como núcleos de población en sí mismos. Pero ha aflorado.

La media del Aljarafe está en 456 casos por 100.000 habitantes, algo por debajo de la provincial (492), pero por encima de la capital, 441. Hay otros ocho pueblos que superan la preocupante tasa de 500 casos por cada 100.000 habitantes: Carrión, con una tasa de 982; Santiponce, 911; Benacazón, Umbrete y Huévar están por encima de 800; Olivares tiene casi 756; Bormujos supera los 540 y Villanueva del Ariscal y Valencina están por encima de la tasa de 650. Grandes municipios, como Mairena y San Juan, también se acercan, con una incidencia el viernes de 460 y 415 casos por 100.000 habitantes, respectivamente. 

En Castilleja de Guzmán, que sólo tuvo dos casos en la primera ola, los contagios comenzaron a subir a principios de octubre. El pico se alcanzó entre el 26 y el 27, cuando la tasa llegó a estar en 1.369 por cada 100.000 habitantes antes de estabilizarse. Coincide con las semanas siguientes al domingo de romería de Torrijos, día grande en Valencina –pueblo hermano, con el que se comparten amigos, hacia el que se dirigen los paseos por un carril bici que quieren iluminar– que se suspendió, pero que muchos celebraron por su cuenta.

El consultorio de Castilleja de Guzmán, donde no se han producido grandes colas, como en otros. El consultorio de Castilleja de Guzmán, donde no se han producido grandes colas, como en otros.

El consultorio de Castilleja de Guzmán, donde no se han producido grandes colas, como en otros. / Juan Carlos Vázquez

La alcaldesa cree que en realidad son más y así se lo trasladó a la delegada territorial de Salud. Es una advertencia común de los alcaldes. Por el nivel de renta hay vecinos que acuden a la sanidad privada. Otros no están empadronados y tienen centros de salud de referencia distintos. Ocurre en casi todos los municipios del Aljarafe. La población de hecho de Castilleja de Guzmán podría rondar los 3.000 vecinos.

El Covid-19 motivó hace unos días el cierre de la guardería, por el positivo de una monitora, hasta el 3 de noviembre. Según María del Mar Romero, la delegada le trasladó que en el punto de mira de Salud estaba ese triángulo de Castilleja, Valencina y Santiponce, aunque creían que el ritmo de contagios se había estabilizado. Cualquier medida, quedó supeditada a las del estado de alarma.

El Ayuntamiento ha hecho campañas para que se cuiden las normas, en las que han participado vecinos conocidos como el futbolista del Sevilla Carlos Fernández o el actor Pablo Béjar. La web municipal ofrece un buzón para que personas en cuarenta puedan pedir que les recojan la basura o se les hagan otros recados urgentes.

Ha reforzado la limpieza en los lugares más concurridos. El día de esta crónica, huele a lejía en los alrededores del Ayuntamiento y la Plaza de España, por donde pasa el “cazafantasmas”, apodo cariñoso que Rodríguez da al operario que maneja la abultada mochila del hipoclorito sódico que esparce con una pistola que recuerda a las del grupo de Bill Murray en la película de los 80.

El supermercado Spar, el único que hay en Castilleja de Guzmán y en el que han aumentado las ventas con el cierre perimetral. El supermercado Spar, el único que hay en Castilleja de Guzmán y en el que han aumentado las ventas con el cierre perimetral.

El supermercado Spar, el único que hay en Castilleja de Guzmán y en el que han aumentado las ventas con el cierre perimetral. / Juan Carlos Vázquez

Es el centro de Castilleja, donde coinciden una cafetería con amplia terraza y varios establecimientos, que podrían verse beneficiados indirectamente porque sus vecinos no puedan salir a comprar. Hay vecinos que hacen cola cívicamente para entrar en la frutería. Entre ellos, Natalia, que tiene 18 años y estudia Traducción e Interpretación (4 clases presenciales al mes).

“La gente de mi edad no ha sido consciente. Ha habido muchas fiestas y reuniones en casas desde que acabó el confinamiento. Yo he hecho cosas mal, no me voy a quitar culpa”, señala autocrítica, pero dice haberse percatado de lo que supone la Covid-19 y ha rechazado nuevas quedadas con amigos.

Cerca, está Pastora, nacida en Lora y vecina de Castilleja desde el 92. Con cuatro hijos y cinco nietos, hace meses que suspendieron las comidas de los sábados en su casa y las visitas de los domingos a Lora. Vive con un hijo, pero se tuvo que trasladar con otro a Tomares, cuando a éste le detectaron el virus en un test semanal en su trabajo en el Var, el del fútbol. No tuvo síntomas. Cree que confinamientos, aunque sean como el de ahora, son la forma de parar esto, aunque está convencida de que “cuando abran y nos suelten” la historia se repetirá.

El único supermercado de Castilleja es el Spar, en la calle Real. La encargada, Mari Carmen Jara, es vecina de Valencina. Desde el jueves han aumentado las ventas. La primera jornada del cierre perimetral eran un 30% más altas por la mañana y estimaba que llegarían al 50% al final del día. Como vecina del Aljarafe cree que los datos son los que son porque ha habido relajación y menos vigilancia de la debida. Ahora toca quedarse en casa, salir para lo esencial y, de nuevo, esperar a que cambie el rumbo de esa curva del Covid-19 que se ha convertido en la brújula de las rutinas. También en el Aljarafe.

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