Astoria de Málaga, 10 años de búsqueda

La renuncia de Antonio Banderas pone en evidencia la gestión llevada a cabo en la última década por el Ayuntamiento de Málaga, gobernado por el PP, sobre un edificio estratégico de la ciudad

La fachada del edificio Astoria que da a la Plaza de la Merced, en Málaga. / Javier Albiñana
Sebastián Sánchez

Málaga, 18 de mayo 2017 - 02:34

El problema que tiene, de nuevo, el Ayuntamiento de Málaga en sus manos con la manzana de los antiguos cines Astoria y Victoria es de una dimensión mayúscula. La retirada de Antonio Banderas, que acompañado de José Seguí y Starlite, había garantizado su participación en el concurso empresarial para transformar esta edificación no sólo quiebra la hoja de ruta trazada por el alcalde, Francisco de la Torre, sino que pone en evidencia la gestión que sobre este estratégico emplazamiento ha llevado a cabo el regidor en la última década.

Aunque la propiedad de los viejos cines pasó a manos municipales a finales de 2010, tras el desembolso de casi 21 millones de euros -buena parte de esta suma abonada en aprovechamientos urbanísticos- la fijación del Consistorio sobre ellos es anterior. En concreto, de principios de 2007, cuando una promotora vasca, Baensa, adquirió el edificio al empresario granadino Antonio Rubio, quien a su vez lo compró en diciembre de 2004.

Un proyecto inicial contemplaba la construcción de pisos de lujo en el edificioEl presupuesto de 2010 destinó 900.000 euros para impulsar un concurso de ideas

El proyecto, que llegó a ser cuantificado en unos 54 millones de euros, apostaba por la construcción de pisos de lujo en la Plaza de la Merced, en pleno corazón de la capital. La iniciativa contó desde el inicio con la bendición municipal, si bien el Ayuntamiento la condicionó a que la firma le reservara una planta de la nueva edificación para ampliar la Casa Natal Picasso. El cronograma fijaba en la primavera de 2010 la fecha posible para la terminación de los trabajos.

La realidad, sin embargo, es que a día de hoy la manzana es diez años más vieja y su estado de abandono aumenta sin que haya una solución definitiva en el horizonte más cercano. La iniciativa residencial acabó desmoronándose por la negativa de la Junta de Andalucía a permitir un incremento en el número de plantas del inmueble, necesario para que el negocio privado estuviese garantizado. Hasta en tres ocasiones la Delegación de Cultura emitió informes contrarios a la idea de superar la cota.

El alcalde varió entonces el enfoque y estudió seriamente la posibilidad de hacerse con su propiedad. En septiembre de 2009 apuntó en esta dirección, con predominio de un uso cultural. Apenas tres meses más tarde, aprovechando el debate del estado de la ciudad, De la Torre anunció su intención de hacerse con la manzana de los antiguos cines "para diseñar un proyecto ambicioso de edificio destinado exclusivamente a fines culturales".

Baensa aceptó la propuesta, pero la operación de compra-venta no se culminó hasta un año después. El Ayuntamiento incluyó en su presupuesto de 2010 una partida de 900.000 euros para convocar un concurso de ideas que definiera el futuro edificio: un Museo de los Museos en el que dar cabida a exposiciones.

Pero la crisis económica enterró por completo las aspiraciones del mandatario local, sabedor de que tal iniciativa sólo podría desarrollarse con el dinero de las arcas municipales. El nuevo varapalo abrió un compás de espera que sirvió al equipo de gobierno para percatarse de que la única manera de eliminar la mancha que suponía el Astoria en pleno espacio turístico era mediante la colaboración privada. Esta línea argumental que se mantiene hasta nuestros días. La posibilidad de destinar el espacio a un mercado gourmet, posteriormente plasmado en el Mercado de la Merced, no cuajó ante el escaso valor añadido que, a juicio del alcalde, suponía para la ciudad. Otra vía abierta que quedó taponada. Hasta ahora.

El concurso de ideas puesto en marcha por el Ayuntamiento, varios años después de que por vez primera se plantease en el Pleno municipal, debía servir, al menos, para concitar el interés de grupos empresariales, para poner la parcela en el escaparate. 72 equipos presentaron propuestas para el diseño arquitectónico y analizar la viabilidad futura de la actuación. De todos ellos, 10 en una primera selección, y de esta decena, tres como los mejor valorados.

El mejor proyecto, Ecos Urbanos, llevaba la firma de José Seguí. Su nombre no fue conocido hasta el mismo momento en que se abrió el sobre y se anunciaron las consideraciones del jurado. La suya era, con diferencia, la propuesta arquitectónica mejor considerada y la segunda con mejor nota en el aspecto económico. La sorpresa fue mayúscula cuando se supo que incluía el aval empresarial de Antonio Banderas y Starlite. Todo hacía prever que, por fin, diez años después, la herida del Astoria iba a tener cura. Al menos, Banderas iba a dar el paso para desarrollar el proyecto, hecho que le daba garantías al equipo de gobierno de que la concurrencia empresarial iba a ser un éxito. Ahora, con la renuncia de Banderas a optar al concurso, llega la incertidumbre, el vacío y se hace el silencio.

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