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El silencio más revelador de Miquel Roca

  • El ex dirigente de Convergencia y Alfonso Guerra conversan en el teatro con motivo del 50º aniversario del despacho Montero Aramburu

Ignacio Martínez, Alfonso Guerra, Miquel Roca y Alfredo Álvarez Tello, de Montero Aramburu.

Ignacio Martínez, Alfonso Guerra, Miquel Roca y Alfredo Álvarez Tello, de Montero Aramburu. / Juan Carlos Muñoz

Miquel Roca nació en Burdeos el mismo día que la aviación alemana, para conmemorar el cumpleaños de Hitler, bombardeó esta meca del vino francés. "Nosotros perdimos la guerra", le había advertido su padre, exiliado en Francia, "pero desde el mismo día en que comenzó, porque la guerra es el acto más cobarde, el acto de quienes no quieren hablar". Roca ha sido secretario general adjunto de Convergencia, que es el partido en el que militaba Carles Puigdemont, fue portavoz de CiU en el Congreso y es uno de los dos padres de la Constitución que aún viven. El otro es Miguel Herrero de Miñón. Sostiene que en su caso, dado su biografía de demócrata y de nacionalista catalán, lo más prudente es callar, por no estropear, pero cree que "algo está aflorando, porque como mínimo, algunos interlocutores están hablando".

El despacho de abogados Montero Aramburu cumple 50 años, y se este lunes se regaló un diálogo entre Miquel Roca y Alfonso Guerra, que moderó el periodista Ignacio Martínez. El lugar, el Teatro Central de Sevilla, donde se debía ir con mascarillas, pero hasta llenar el aforo porque ya se puede. Y se llenó. 

Alfonso Guerra, ex vicepresidente del Gobierno, mantiene una posición beligerante contra los nacionalismos desde hace mucho tiempo, quizás se haya sentido traicionado por quienes él creía que pactaban una Constitución como estación término de, al menos, la descentralización política de España. ¿Y Roca? ¿Qué opina quien fuese el número dos de Jordi Pujol sobre los sucesos de Cataluña? Ignacio Martínez se lo preguntó a a ambos.

"Este es un tema complicadísimo, pero parece aflorar, al menos, la posibilidad, de como mínimo, algunos interlocutores hablen", comienza Roca. Y sigue: "yo no quisiera hacer nada en contra de ello, otra cosa es de los límites de lo que se hable".

De este modo, se refería en abogado catalán a la mesa de diálogo que han iniciado el Gobierno de España y el de la Generalitat. Guerra es más crítico, sostiene que los importante no es hablar, sino acordar. "Yo no tengo esperanza", apunta, poco antes de tildar a Puigdemont de payaso que va dando vueltas por ahí. Roca, como aludido, asegura que él, por no interferir, prefiere callar, pero su silencio es elocuente.

Y sigue, casi a modo de confesionario con el público del central: "Tienen que entender, seguro que lo hacen, que problemas como éste me afectan más. Lo que España hizo con la descentralización territorial fue brutal, la descentralización federal en Alemania lo hicieron los tanques americanos, aquí lo hicimos solos, pero quizás lo mejor que puede hacer es callarme, me duele pero es lo mejor".

Alfonso Guerra le insiste en su desconfianza hacia el diálogo con el Gobierno de Cataluña, y Roca le zanja: "Me parece más difícil dejarlo como está que intentarlo, hay que forzar el diálogo, el escenario de lo imposible es peor que no intentarlo".

Cuando Roca, o Guerra, se refieren a "lo que hicimos" es a la Constitución, nacida del consenso de la Transición, y que ambos suscriben por completo, tanto que ambos recelan de quienes solicitan una reforma amplia de la carta magna. "Claro que hay cosas que se deben cambiar en la Constitución, pero no la Constitución", remarca Guerra para oponerse a un proceso constituyente, del que Miquel Roca también se opone. La razón no es otra que la falta de argumentación del objeto del cambio. ¿Qué es lo que desean cambiar?, se preguntan ambos.

Miquel Roca recuerda que la Constitución de la Transición fue la primera que se refrendó mediante voto popular en España. Logró un 90% de síes en el referéndum, y del 91,4% en Cataluña. Uno de los argumentos de quienes se oponen a una reforma sustancial del texto es que se corre el peligro de que se pierda ese amplio respaldo popular. En la última década han surgido críticas a este proceso constituyente; básicamente, proceden de Podemos y de los partidos independentistas. El bautizo de aquello como régimen del 78 no es más que un intento de ligarlo al régimen anterior, al franquista. "La transformación de España -explica Roca- ha sido espectacular, y quien no lo acepte, se lo debe hacer mirar; claro que se debe hacer mucho más, pero porque se ha hecho mucho". "Todavía hoy se estudia en el mundo la transformación de España", apostilla.

Alfonso Guerra desmenuza los argumentos de quienes consideran que la Transición fue una traición de la izquierda. Y para ello recuerda, que no revela, pero hay quien confunde, que la Ley de Amnistía no fue una concesión a los dirigentes franquistas, sino una petición de la izquierda que se clamaba, como lema, en las calles, junto a la libertad y a los estatutos de autonomía. Es más, los únicos que se opusieron a la ley fueron "los siete magníficos", los siete diputados de la Alianza Popular. Lo mismo cabe decir del supuesto silencio que la Transición echó sobre el franquismo y la Guerra Civil. "Si se han publicado 27.000 libros, se ha escrito más de la Guerra que de la Segunda Guerra Mundial", apostilla.

Entre ambos, entre Guerra y Roca, hay algún disenso. El dirigente catalán lanzó la Operación Roca con el intento de extender por toda España un grupo de partidos reformistas y de centro. Fue un sonado fracaso. Según Guerra, porque el centro no existe. Dice: "El centro que persigue esta gente no existe, el PP lleva 40 años intentando llegar al centro y no lo consiguen".

Para Miquel Roca, sin embargo, la virtud de los partidos centristas es que son un antídoto contra los frentismos porque suaviza la política de bloques. Y apunta: "El frentismo lleva al populismo, y el populismo es carísimo e ineficaz". 

    

     

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