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Presupuestos Andalucía

Sin cuentas, las elecciones están muy cerca

  • El Gobierno de Juanma Moreno se resistirá convocar a aras de una estabilidad que ya sólo será un espejismo

Los consejeros Bravo y Velasco llevan el Presupuesto a la presidenta del Parlamento, Marta Bosquet.

Los consejeros Bravo y Velasco llevan el Presupuesto a la presidenta del Parlamento, Marta Bosquet. / Antonio Pizarro

Hasta el 24 de noviembre, el Gobierno de Juanma Moreno mantendrá la esperanza, pero sólo un giro radical de Vox puede salvar que ese día el proyecto de Presupuestos no sea rechazado por el Parlamento. El socialista Juan Espadas, un líder en construcción, no está en condiciones de asumir el riesgo de aprobar esas cuentas y de ligar su futuro al PP. Si los números no fuesen buenos para el PSOE en las elecciones andaluzas o, al menos, similares a los que tuvo Susana Díaz, sus críticos se le echarán encima. Al fin y al cabo, el actual Gobierno andaluz fue el primero en probar en España la fórmula de la alianza del centro y toda la derecha, y no iba a ser Espadas quien sirviese de remedio a la fractura de lo que la izquierda apodó como el trifachito. 

Lo que en el Gobierno andaluz no comprenden es el por qué de los bandazos del PSOE. Hay quien recuerda esa rueda de prensa en la que Juan Espadas no sólo aseguró que el acuerdo presupuestario con el PP era posible, sino una alianza más duradera en el tiempo que pudiera fraguar otros pactos. El líder de los socialistas no mentía en esos momentos, pero aún no era consciente del impacto que podía causar en su partido que él fuera el salvavidas del primer Gobierno de derechas de la historia andaluza.

Al PP también le temblaron algunos nervios, en ese partido saben que Vox es un aliado necesario al que le habrían regalado la mitad de la campaña electoral con una alianza final con los socialistas. La voluntad negociadora ha sido de media estocada.

No pudo ser. El proyecto de Presupuestos de la Junta lo podría firmar cualquiera de los grupos parlamentarios de la Cámara si estuviesen en el Gobierno. Con un aumento del gasto del 9%, 1.000 millones de euros más para sanidad y sin meter en el proyecto la disminución de los impuestos, que ha sido el gran gesto del PP al PSOE, no hay motivos de peso para oponerse a esas cuentas, pero en la identidad de los partidos no cabe la alteridad.

Quienes rompen no han sido los socialistas, que siempre estuvieron fuera, sino Vox, que además lo hace por la necesidad de su partido a nivel nacional de conseguir un buen éxito electoral en Andalucía que le sirva de trampolín a escala nacional. Eso fue lo que ocurrió en 2018, y eso es lo que Santiago Abascal quiere repetir ahora, de ahí que la opción de Macarena Olona como candidata sea factible. Vox va a por todos, lo quiere repetir la experiencia de Madrid, donde Díaz Ayuso ha obtenido tan buen resultado que, sin mayoría absoluta, se ha permitido dejar fuera a la otra derecha.

Si el 24 de noviembre se rechazan las cuentas, Juanma Moreno se verá abocado a convocar elecciones o en invierno o al inicio de la primavera de 2022. Sostendrá que en aras de la estabilidad, que tan bien le ha funcionado en sus primeros tres años, lo correcto es agotar la legislatura, pero eso sólo tiene sentido si la fortaleza es real. Sin apoyos parlamentarios, eso sólo será un espejismo, tampoco tiene sentido aguantar por aguantar.

Es más, si las elecciones andaluzas se celebrasen e los primeros meses de 2022, un nuevo Gobierno podría aprobar sus Presupuestos antes del verano. Lo que los sondeos indican es que el PP andaluz gobernaría con Ciudadanos, si finalmente consiguen representación, o con Vox. Si Moreno llegase a los 50 escaños -la mayoría absoluta son 55-, incluso podría permitirse un Gobierno a la madrileña, y eso es lo que Abascal quiere conjurar, por eso tiene que aprovechar este justo momento. 

    

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