La duquesa de Alba no tiene aurora

La duquesa de Alba no tiene aurora

23 de abril 2012 - 09:38

Francisco Correal

Periodista

El otro día fuimos a la consulta del oculista. Se llama Jorge Campos Dávila, peruano y bético, de Vargas Llosa y de Gordillo. Estábamos en la sala de espera y para hacer tiempo le pedí a mi mujer alguna revista. Me pasó un ejemplar del ¡Hola! dedicado casi a la boda de la duquesa. Para qué quieres ser ingeniero, si vas a ser duque de Alba, le decía al primero de sus tres maridos. Dos veces viuda, porque a diferencia de sus hijos, esta novia múltiple, vida vivida y vitalista, sólo se ha casado cuando los amores de su vida la dejaban. Nunca retiró el retrato de Luis Martínez de Irujo, el padre de sus seis hijos, cuando se casó con Jesús Aguirre. Nunca dejó de hablar de Aguirre, la cólera del Dios, que lo conoció de sacerdote, ni siquiera cuando se supo su compromiso matrimonial con Alfonso Díez. La revista me recordó estos deberes ducales de Dueñas, nombre de su palacio sevillano y del pueblo de Palencia donde se imprime la agenda Myrga donde, en la correspondiente a 2011, apunté cuatro fechas: la de su boda, las dos presentaciones de sus Memorias, Yo, Cayetana, aplazada la primera al tropezar la duquesa con una alfombra de palacio, y un encuentro más íntimo en el que este periodista acudió a Dueñas para entregarle mi regalo de boda.

Como es mujer poco protocolaria y persona de palabra, bastó un breve encuentro en la Catedral de Sevilla, donde ambos asistíamos al concierto del organista José Enrique Ayarra, para que me diera día y hora. Mi presente era humilde, pero le hizo mucha ilusión. Una página del Diario de Cádiz con la foto de Cayetana de Alba y Carlos Edmundo de Ory cuando la duquesa y el poeta recibieron el título de hijos predilectos de Andalucía. Enmarqué la página en la tienda del argentino Marcelo Culasso, que se esmeró sabiendo para quien era, y supe después que colocó este recuerdo en su biblioteca.

Los imaginé novios ucrónicos, un andaluz de cuna y una andaluza de devoción, dos octogenarios luminosos que vivieron sus respectivos exilios. Aunque huían de Españas distintas, la huida se convirtió en la patria de ambos. Tengo una antología poética de Carlos Edmundo de Ory dedicada. Todavía conserva la etiqueta y la dirección del lugar donde la compré. Librería Mignon. Plaza de Mina, 2. Cádiz. "Para Francisco, joven humano con ojos de violín". Firmado Carlos. Fue en febrero de 1983, cuando el poeta, disfrazado de Mefistófeles, fue el pregonero de los Carnavales de Cádiz.

Cayetana Fitz-James Stuart se casa en Sevilla el 12 de octubre de 1947. Buen año para la ciudad en tiempos difíciles, posguerra pura: la visita de Evita Perón, la boda de Cayetana. Ese año publica Carlos Edmundo de Ory su poema Soneto a Greta Garbo. Para su luna de miel, la duquesa se llevó once abrigos de piel. Sólo hacía ocho años del final de la guerra civil. Era el día de la Hispanidad, el Sevilla jugaba en San Mamés y el Betis, que con los años sería el equipo de la duquesa, estaba en Tercera División y recibía al Gimnástico Alcázar, equipo manchego del pueblo famoso por su nudo ferroviario y las tortas de Alcázar.

La segunda boda tuvo lugar en Madrid. 16 de marzo de 1978. Jesús Aguirre Ortiz de Zárate era director general de Música del Gobierno de la UCD, una entelequia llamada Unión de Centro Democrático, mantis religiosa de sí misma, partido al que todos vapulearon y todos ahora añoran. El novio había colgado los hábitos de sacerdote, que simultaneó con sus tareas de filósofo, traductor e introductor en España, a través de Taurus, de la Escuela de Francfurt. Esta segunda boda fue en jueves. No se sabe si ya entonces se había hecho bética la duquesa, pero en cualquier caso los jugadores del Betis no habrían podido ir al enlace: ese día volvían en avión de la encerrona de Tbilissi, capital de la entonces república soviética de Georgia donde cayeron apeados de la Recopa por el Dinamo de Moscú. Fue cuando el periodista Pepe Álvarez, que viajó como cronista, acuñó la frase de Rusia a Murcia, metáfora del manque pierda. Tres días después de la boda, el Betis se resarció de todas las Siberias y venció al Sevilla en el derbi local.

A Cayetana y Jesús Aguirre los casa en una ceremonia privada José María Martín Patino, amigo del novio, secretario particular del cardenal Tarancón y hermano del cineasta Basilio Martín Patino. Aguirre era montañés, pero a diferencia de los foramontanos que cruzaron la península para instalarse en el sur, él lo hizo un poco a regañadientes. Sevillano consorte. La duquesa medió para que fuera comisario del pabellón de Sevilla, sin sede y casi sin fondos. De sus ocupaciones musicales en el Gobierno de la UCD pasó a los estruendos en sus encontronazos con el alcalde Rojas-Marcos. Colisión de trenes.

Aguirre no logró la estatua para Luis Cernuda y a Cayetana la inmortalizó el escultor Sebastián Santos cerca del palacio donde nace Vicente Aleixandre. Cayetana es vecina de Antonio Machado, hijo de Dueñas, pero su Sevilla es más de Manuel. Se va con los dos a los Puertos y Reyes de la Lastra la retrató con Juanita Reina en un cartel de Feria. El día que la homenajean junto a Carlos Edmundo de Ory (que vino con su amigo Luis Eduardo Aute), un grupo de jornaleros la esperaban con pancartas y venablos dialécticos. Años después, esos mismos jornaleros invitaron a Cayetano, su hijo jinete, el que la hizo abuela de mellizos y le dio una nuera mexicana de ida y vuelta, a visitar las cooperativas de Marinaleda y hacer juntos la reforma agraria.

El 5 de octubre de 2011 se casó con su amigo Alfonso Díez y salió a la puerta de Dueñas, devota de Frascuelo y de María, recordó las lecciones de Enrique el Cojo y repartió néctar de cebada. Carlos Edmundo de Ory lo dijo en un poema: "Tengo sed de alcantarilla y de cerveza fresquita".

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