La sobreexplotación del acuífero de Doñana acaba con su laguna principal

La Estación Biológica constata su desecación por segundo año consecutivo por primera vez en su historia

La presión de Matalascañas en verano contribuye a agravar su situación

La laguna permanente de Doñana se seca por segundo año consecutivo, algo que "nunca" se había registrado

Imagen de las cámaras de seguimiento de la laguna de Santa Olalla difundida por la Estación Biológica de Doñana.
Imagen de las cámaras de seguimiento de la laguna de Santa Olalla difundida por la Estación Biológica de Doñana. / CSIC

Sevilla/La Estación Biológica de Doñana (EBD) perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) confirmó sus peores presagios y la laguna de Santa Olalla, la más importante del Parque Nacional, se secó a primera hora de ayer por segundo año consecutivo y por primera vez desde que hay registros. Detrás de esta perdida, se encuentran los sospechosos habituales, es decir, la sequía y, de una manera especial, la sobreexplotación del acuífero, sobre todo en la época estival en la que la urbanización de Matalascañas requiere grandes extracciones del mismo. Todo ello, con el trasfondo de la ampliación de los regadíos en el entorno del parque mediante una proposición de ley que volverá a reactivarse después del verano.

Y es que los motivos dados para el rechazo a la iniciativa parlamentaria, son los mismos que se encuentran detrás de esta pérdida de recursos hídricos. Desde el CSIC se aventuraba hace semanas con la posibilidad confirmada en las últimas horas y había actualizado su cámara se seguimiento para ver su evolución.

Una vez confirmada la desecación, el director de la EBD, Eloy Revilla, señaló que “se pueden hacer muchas cosas”, pero todas ellas pasan por “reducir de una manera importante el consumo de agua del acuífero y ajustarlo a su capacidad de su uso sostenible” y eso es algo que “afecta no sólo a la agricultura, tanto a la legal como a la ilegal, sino al consumo humano, en este caso de Matalascañas”. Revilla, recordó que “durante los últimos años, las lagunas de Doñana sufren un serio deterioro, puesto que cada vez dura menos su periodo de inundación y muchas de ellas no llegan a hacerlo, algo que afecta gravemente a la biodiversidad que sustentan”, ya que dejan de servir como “refugios acuáticos estivales para la fauna y la flora del manto eólico del Parque”.

Revilla propone también la “actualización del sistema de evaluación del acuífero y realizar estimaciones sobre la disponibilidad de agua para definir las cantidades máxima permitidas y las medidas de ahorro que debería adoptarse”. Asimismo, se pide el restablecimiento “urgente” de la “gobernanza de la gestión del agua de todo el territorio, para que esté dentro de la legalidad vigente” y en la misma medida “proteger al sector agrícola que opera bajo la legalidad frente a la pérdida del valor de marca de sus productos frente a la competencia desleal de los productores ilegales que les amenaza de cara al futuro”.

Pese al diagnóstico, el responsable de la EBD expuso su convencimiento de que, pese a la constatación de la influencia del cambio climático en su estado, “los ecosistemas acuáticos son muy agradecidos en cuanto a su restauración y responden rápidamente”, aunque debe dejar de inmediato de “utilizarse como herramienta política”, para poner en marcha un plan de actuación, ya que la situación actual es “mala para Doñana, para la comarca y para España como país”, algo que será más fácil “tras la tensión de las elecciones”.

Mucho más crítica fue la organización ecologista Greenpeace, que no tardó en identificar la desecación de la laguna de Santa Olalla, como una “evidencia del deplorable estado de conservación en el que se encuentra el humedal más protegido del país, fruto de la sobreexplotación y la mala gestión del agua que se hace fuera de los márgenes del espacio natural”. En su opinión “el crecimiento y transformación de miles de hectáreas en regadíos intensivos unido a las extracciones masivas e ilegales de agua subterránea, la modificación de canales y cauces, han llevado a Doñana a una lenta agonía”.

En la misma línea, el coordinador de la Oficina Técnica de WWF en Doñana, Juanjo Carmona, ha definido la situación del acuífero como “lamentable” y la situación de la laguna hoy seca “es el último eslabón de una cadena más desconocida, la pérdida de cientos en las últimas décadas que demuestran la mala gestión del acuífero. Anualmente se riegan más de mil hectáreas ilegales en Doñana, algo que es una vergüenza internacional”.

A juicio de Carmona “Doñana no se extinguirá, antes lo hará la agricultura de la zona, sencillamente habrá cambiado, pero habremos perdido en ese trayecto cientos de especies únicas y que no encontrarán refugio en otros lugares. Es una tragedia lo que está sucediendo hoy ante nuestros ojos, básicamente por falta de voluntad política de la Junta”.

El factor humano

De hecho, de vuelta a los datos de la EBD recopilados durante 40 años, “se constata que el 59% de las lagunas de mayor tamaño de Doñana han desaparecido ya”, insiste su director. A este respecto, el responsable del CSIC subrayó que el 80% de estas lagunas se secaron antes de lo que se esperaría con los niveles de temperatura y precipitación registrados y el 84% se inundaron menos de lo previsto, lo cual evidencia que la actividad humana está alterando su equilibrio natural.

La mayoría de las lagunas son temporales y se inundan gracias al agua del acuífero que, cuando se recarga con las lluvias, alcanza el nivel de superficie, llenando sus cubetas e inundando de vida la reserva. En la última década no se han producido años de grandes precipitaciones, reduciéndose la recarga del acuífero, que no ha sido suficiente para contrarrestar las “excesivas” captaciones de agua para consumo de la localidad turística de Matalascañas en el periodo estival y “para los cultivos intensivos de fresa situados en los alrededores del parque, que han aumentado su superficie en más del 30% en los últimos diez años”.

Las lagunas permanentes, que mantienen agua todo el año, son muy escasas en el parque, por lo que en este sistema temporal actúan como refugio de muchas especies. Hasta hace unos años, solo tres lagunas se consideraban permanentes: Santa Olalla, la laguna Dulce y la del Sopetón. La única que se podía seguir considerando permanente era Santa Olalla, aunque “alcanzando escasa superficie inundada y elevadas concentraciones de sales en verano”.

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