'Salón-teatro. La cabeza antes que el ojo' | Birimbao

Una combustión en torno a la imagen

  • La galería Birimbao acoge hasta final de febrero 'Salón-teatro. La cabeza antes que el ojo', una muestra que explora el cambio de paradigma propiciado por el "maremágnum" de internet

Una obra de Cristina Lama, expuesta en Birimbao. Una obra de Cristina Lama, expuesta en Birimbao.

Una obra de Cristina Lama, expuesta en Birimbao. / Belén Vargas

En un tiempo en el que la sacudida provocada por internet y las redes sociales parece haber dejado atrás un pensamiento sustentado en la palabra, la galería Birimbao reflexiona sobre el cambio de paradigma que ha supuesto el predominio de la imagen. Lo hace, a través del trabajo de ocho creadoras, con la muestra Salón-teatro. La cabeza antes que el ojo, que abrió sus puertas el pasado viernes y que propone también una reivindicación de la pintura.

Desde las más veteranas Ángeles Agrela o Cristina Lama hasta las más jóvenes Mercedes Garrido y Sofía González, que exponen por primera vez en una galería gracias a esta propuesta, La cabeza antes que el ojo se pregunta entre otras cuestiones "cómo las imágenes están dominando el mundo de hoy", señala el comisario Sema D’Acosta, que ha reunido una selección que completan las obras de Marta Beltrán, María Carbonell, Almudena Fernández Ortega y Natalia Domínguez.

"Pero ésta no es una exposición de tesis", matiza D’Acosta, "porque quizás una galería no es el sitio idóneo para ello". Esta colectiva responde antes, prosigue el especialista, a la necesidad de "crear dinámicas" para que la escena artística salga del estancamiento que impuso la crisis. "Se trata de generar combustiones, por decirlo de algún modo, para que nuevos creadores puedan entrar en el circuito y también que artistas de fuera interactúen con los de aquí", explica sobre una muestra que ha reunido ocho nombres de distintas generaciones y procedencias, "de Sevilla, de Andalucía y alrededores [María Carbonell nació en Murcia]. Trazo un radio cercano para que las sinergias sean más reales: traer a alguien de Galicia, por ejemplo, resultaría forzado".

El comisario Sema D'Acosta, ante una obra de Natalia Domínguez. El comisario Sema D'Acosta, ante una obra de Natalia Domínguez.

El comisario Sema D'Acosta, ante una obra de Natalia Domínguez. / Belén Vargas

Las obras reunidas sugieren, dice D’Acosta, el rumbo que está tomando la pintura en esta época en la que andamos "saturados de imágenes. Si miramos atrás, hace unas décadas hubo en Sevilla toda una generación, con autores como Gerardo Delgado, Juan Suárez, José Ramón Sierra o Pepe Soto, cuyo interés radicaba en la pintura de campos de color, la pintura como abstracción, una cuestión mental. Y hoy en día, el 90% de la pintura que se hace es figurativa. Antes importaban más las ideas que las imágenes, y hoy es lo contrario. Todo empieza con un golpe visual, y eso se traslada a la obra", argumenta el investigador.

D’Acosta observa que "la gente joven pinta muy bien porque en internet puede contemplar una obra al detalle. Pero da la impresión de que tal vez quiera llegar al cuadro sin experiencias previas, sin errores, cuando falta rodaje. En la producción de una generación anterior, en cambio, en los trabajos de Miki Leal o Rubén Guerrero, lo vivencial tenía al principio más peso que el conocimiento de la pintura", opina el comisario, que entre otros asuntos se cuestiona qué hace que algunas imágenes guardadas en un móvil o colgadas en Instagram acaben en un cuadro. "¿Qué importancia tiene esa imagen? ¿La miramos de otra manera?", se pregunta D’Acosta.

"Antes importaban más las ideas, hoy impera la imagen", dice el comisario de la muestra

La muestra contrapone los modos de hacer de las más curtidas Ángeles Agrela, "que utiliza modelos al natural", o Cristina Lama, con un "imaginario muy poroso" en el que respira la vida –"antes destilaba más dolor y, ahora que ella ha sido madre, resulta más dócil"–, con los de las más jóvenes Mercedes Garrido, que en las obras de la muestra se inspira en fotogramas de películas, o Sofía González, que retrata a sus amigos o recoge un viaje a Portugal en pequeños lienzos.

El especialista encara la transición "hacia un modo nuevo de entender la imagen" con una mezcla de curiosidad y preocupación. "La pantalla del portátil o del móvil son hoy más importantes que la realidad y eso resulta un verdadero problema", considera. "Nos está costando diferenciar lo vivido de lo visto, una situación que altera nuestro imaginario y la percepción de la experiencia. No olvidemos que nos hacemos como personas a través de ese bagaje; somos lo que vivimos, no lo que vemos". Por eso el subtítulo de La cabeza antes que el ojo: "La pintura necesita pausa, concentración, distancia. Indefensos ante el maremágnum de imágenes que vivimos, saber escuchar es ahora casi más relevante que mirar", defiende.

Sofía González, una de las autoras más jóvenes de la selección. Sofía González, una de las autoras más jóvenes de la selección.

Sofía González, una de las autoras más jóvenes de la selección. / Belén Vargas

La exposición de Birimbao, asegura D’Acosta, quiere ser una reivindicación de la pintura que se hace en el sur y especialmente en Sevilla. "Me da rabia que los vascos hablen tanto de la escultura vasca y que aquí no se celebre la pintura de aquí, que es la mejor de España". Dentro de esta riqueza a D’Acosta le interesa la obra que han propuesto mujeres tan dispares como Carmen Laffón, Teresa Duclós, Salomé del Campo, Concha Ybarra, Mariajosé Gallardo, Gloria Martín o Ana Barriga. "Y hay un detalle que está ocurriendo ahora y es muy estimulante: de las últimas promociones de la Facultad de Bellas Artes, la mayoría se dedica a la pintura y la mayoría son mujeres", detalla el comisario.

D’Acosta no quiere darle importancia al hecho de que su muestra esté centrada en ocho creadoras. "En el mundo del arte contemporáneo ocurre algo curioso: en España es un matriarcado. Las mujeres, con galeristas como Juana Mordó o Juana de Aizpuru, coleccionistas como Pilar Citoler o Helga de Alvear, han tenido mucho poder. Han sido ellas las que han decidido que estuvieran hombres y no mujeres en sus fondos. Se podría decir que ésta es una exposición feminista, pero podría sonar como algo maniqueo. Muestra y reivindica el trabajo de mujeres, pero lo hace porque es un material muy interesante, no por una moda ni por quedar bien".

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