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Crítica 'El hombre de acero'

Crowe/Nolan y Costner/Snyder: un Superman con cuatro padres

El hombre de acero. Aventuras/Fantástico, EEUU, 2013, 148 min. Dirección: Zack Snyder. Guión: David S. Goyer. Fotografía: Amir M. Mokri. Música: Hans Zimmer. Intérpretes: Henry Cavill, Amy Adams, Russell Crowe, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Diane Lane.

En 1978 el Superman de Richard Donner inició la edad de oro de las adaptaciones de los cómics al cine, definitivamente afianzada tras algunos titubeos una década más tarde con el Batman de Burton. Entre el 78 y el 89 estábamos en la era del gozo del redescubrimiento del cine de aventuras y fantasía por obra de Spielberg, Lucas, Milius o Carpenter. Y estas películas eran divertidas. De entonces a hoy ha surgido ese petardo que tanto éxito cosecha: el ensombrecimiento de los héroes del cómic, la conversión de los tebeos en tragedias griegas u óperas wagnerianas y de las aventuras más disparatadas en filosofía. Las modas impuestas por los Wachowski o Nolan.

Por esta senda camina el nuevo Superman producido por Nolan y dirigido por Zack Snyder, el perpetrador de la sanguinario-anabolizante 300 y las ruidosamente estúpidas Watchmen y Sucker Punch. En manos de Nolan y Snyder se dedica más atención a sus orígenes en un ridículo planeta que nos da igual que se destruya (o hasta se agradece) dada su estética entre los decorados de Barbarella, Dune y el Pompeii Club de Noches en la ciudad. En manos de Nolan y Snyder se acentúa la mística mesiánica de la llegada a la tierra, la infancia y la juventud de Superman. Pero después, como si sólo estuviera la cosa en manos de Snyder, la película de Superman se convierte en La guerra de los mundos fundida con Independence Day y Marte ataca empapadas en una bebida bioenergética. Este Superman con dos padres -Crowe y Costner- parece tener también dos padres cinematográficos. Eso sí: con una ultraviolencia desencadenada en tres dimensiones visuales y no sé cuantas ensordecedoras dimensiones sonoras. Pavón el derribista habría disfrutado con esta película como un enano.

Los partidarios de la filosofía de tebeo y la épica wagneriana de superhéroes atormentados tal vez le reprochen a este Superman ser más de Snyder que de Nolan. Yo se lo agradezco. No es que las toscas maneras de Snyder me gusten -parece un niño consentido y emberrenchinado destrozando una cristalería-, pero me disgustan más las pretensiones, el engolamiento y la falta de sentido del humor de Nolan. Que las pedanterías cristológicas sean ahogadas por una mascletá de efectos especiales me parece una especie de justicia. Hay muy buenos secundarios (Russel Crowe, Kevin Costner, Amy Adams, Michael Shannon, Laurence Fishburne) y un Superman tan prietamente macizo como inexpresivo (Henry Cavill). Por lo demás esta cara máquina entretiene con sus variaciones mesiánico-marcianas sobre el tema de Superman, aturde con su ruido visual y sonoro, y sorprende con su derroche de efectos especiales. No le piden más quienes van a verla.

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