Abominable | Crítica Hay un yeti en mi azotea

Una imagen de la cinta de animación de Pearl-Dreamworks 'Abominable'. Una imagen de la cinta de animación de Pearl-Dreamworks 'Abominable'.

Una imagen de la cinta de animación de Pearl-Dreamworks 'Abominable'.

Producción de segunda línea, temporada baja y diseño de prestado (de Cómo entrenar a tu dragón) de la sucursal china de Dreamworks, Pearl Studio, Abominable aspira a conquistar el gran mercado asiático con sus personajillos de ojos rasgados, su China de neón, cocacola falsa y montañas nevadas, y un amable yeti peludo de expresivos ojos y poderes mágicos que, como el viejo E.T. de Spielberg, sólo quiere volver a casa con los suyos en los picos helados del Everest.

La cinta de coordinan Culton y Wilderman presenta una animación mucho menos afinada que la de sus hermanas mayores de la casa en lo que respecta al trabajo fotorrealista de movimientos, fondos, texturas e iluminación, confiando casi únicamente en el carisma juguetón y por fortuna mudo de su protagonista y en el contrapunto de sus compañeros de viaje por los caminos y cielos de una China salida de las sobras de Kung-Fu Panda.

Producto coyuntural y poco creativo a niveles visuales y narrativos, Abominable aspira con poca convicción a generar una nueva franquicia que conquiste el corazón de los niños y el bolsillo de los padres.