Da 5 Bloods: Hermanos de armas | Estreno en Netflix

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Una imagen del filme de Spike Lee 'Da 5 Bloods: Hermanos de armas'. Una imagen del filme de Spike Lee 'Da 5 Bloods: Hermanos de armas'.

Una imagen del filme de Spike Lee 'Da 5 Bloods: Hermanos de armas'.

La sutileza nunca ha sido el fuerte de Spike Lee, cineasta desacomplejado, combativo y amante del exceso ya desde sus primeros y celebrados largos, con aquella seminal Haz lo que debas de plena vigencia tras los últimos acontecimientos, y que regresa ahora tras el reconocimiento transversal de Infiltrado en el KKKlan con esta producción de Netflix a la que se le notan demasiado el cartón y las rebajas marca de la casa a pesar de ser un nuevo vehículo político desde la reivindicación de los hermanos afroamericanos que dieron sus vidas por la patria ingrata en la guerra de Vietnam.

Se trata aquí de hurgar una vez más en la misma herida histórica desde distinto ángulo, y para ello Lee hace regresar a la jungla a por el oro y el honor racial perdidos a una cuadrilla de amigos ex-combatientes (Delroy Lindo, Clarke Peters, Isiah Whitlock Jr. y Norm Lewis), veteranos achacosos aunque con ganas de una última aventura de camaradería restituyente. Lee alterna torpemente formatos y tiempos y no se priva de ese didactismo cultural que, entre imágenes de archivo que recuerdan a los héroes y mártires de la causa afroamericana, forma ya parte de su habitual tendencia al subrayado de ideas y dialécticas en forma de lemas para camisetas.

Sin embargo, una vez abandonados los protagonistas a la aventura vietnamita y a la dinámica del camino y los obstáculos, su película estira tópicos y clichés de género y se permite numerosos caprichos argumentales sin terminar de encontrar nunca su tono entre los excesos paródicos (alguno a costa de Coppola y Apocalypse Now), los pedagógicos apartes teatrales, la sobredosis de violencia exploit y un supuesto dramatismo literalmente enterrado por los violines y fanfarrias de Terence Blanchard.

Da 5 Bloods no termina de funcionar ni como sátira bélica, ni como alegato histórico redentor ni como aventura estereotipada con negros autoconscientes, vietnamitas vengativos y excursionistas y especuladores europeos como piezas poco sólidas de una lectura en clave geopolítica y contemporánea que vaya más allá del “black lives matter” entre canciones de amor y paz de Marvin Gaye.