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La suite nupcial | Crítica El polvo de la vieja España

Una reveladora imagen de la desafortunada cinta de Carlos Iglesias. Una reveladora imagen de la desafortunada cinta de Carlos Iglesias.

Una reveladora imagen de la desafortunada cinta de Carlos Iglesias.

Habíamos desterrado la bola de nuestro repertorio de puntuación pero no queda más remedio que recuperarla para valorar en justicia este rancio sainete apolillado con el que Carlos Iglesias, que a muchos les dio el pego con Un franco, 14 pesetas y su triste secuela, regresa a la dirección a partir de su propia obra teatral para confirmar sus escasas dotes al otro lado de la cámara, la absoluta caducidad de su modelo de comedia conservadora, blanca y sentimental y sus limitadísimas prestaciones como histrión cargado de tics (del balbuceo al embrollo léxico) al servicio de uno de esos trasnochados homo hispanicus que, si me apuran, hace de Esteso, Pajares o Landa unos auténticos caballeros.

La cosa va de una escapada furtiva a Toledo (¿habrá visto Iglesias El buen amor de Regueiro? Seguro que no), de echar unas canitas al aire, de encuentros casuales (allí están José Mota y Santiago Segura echando un cable muy destensado) y enredos de alcoba de lujo y a ser posible con descuento, materiales de vodevil barato o revista picarona que no trascienden nunca la condición de chistes malos escritos y redichos por sus respectivos intérpretes en modo sitcom. Todo muy de vergüenza ajena en pleno 2020.