Victoria Carande | Escritora y traductora "El día a día está lleno de verdad, de heroísmo y hasta de poesía"

  • Presenta este martes a las 19:00 en La Carbonería 'Afectos y canciones', un poemario que indaga en el misterio de lo cotidiano. Antonio Molina Flores acompañará a la autora en el acto 

Victoria Carande, poeta y traductora de la Comisión Europea.

Victoria Carande, poeta y traductora de la Comisión Europea.

Victoria Carande (Badajoz, 1962), poeta y traductora, nieta de don Ramón Carande, es la autora de Afectos y canciones, publicado en Ediciones Escondidas. Un libro de poemas que trata la nostalgia, el paso del tiempo, el amor, la entrega hacia los demás y una delicada observación de los hechos cotidianos y a su vez extraordinarios. Un poemario que nace con las amistades, desde los afectos, y cuyas canciones construyen un lugar en el que compartimos emociones, sin incurrir en el sentimentalismo, y reflexiones que nos dan la medida de una lograda mirada poética.

En 2016, la poeta decide publicar, cada viernes, un poema en sus redes sociales. Puntual desde aquel año, Carande mantiene constante esa tradición que le sirve para no perder el contacto con los amigos y lectores. Al tiempo que cultiva la escritura. De aquella costumbre surgieron dos libros. "Parte de lo que escribo [en estos posts] son sonetos, que publiqué en 2019 en Luxemburgo, en un libro titulado Litoral interior. Los que no son sonetos, además de algunos micropoemas, empezaron a querer formar también un libro, y tuve la suerte de conocer a Mamen Peinador, de Ediciones Escondidas. Ella interpretó el conjunto de estos poemas como un calendario sentimental, con mucho acierto y cariño los colocó y los dejó dialogar entre ellos. Me siento muy identificada con las páginas de este libro", cuenta la autora.

Portada de la obra. Portada de la obra.

Portada de la obra.

Así se va trabajando un poemario con el que Carande discurre por la memoria, por aquello que se pierde entre los años, y evoca sensaciones que todos hemos vivido, pero contadas con buenas palabras y con buenas ideas. "Hace ya tiempo / que no corren las nubes / ni las horas iguales, / ni los soles diversos. / Pero es así, no importa. / Incluso por instantes robados, / hay una eternidad entre sus muros / que va siempre conmigo", escribe la poeta en "Adioses". En Afectos y canciones predomina un estilo muy depurado en la elección de las expresiones y en la precisión con la que la poeta nombra imágenes, paisajes, recuerdos. Afirma Carande que "la clave de un poema puede estar en una buena combinación entre la palabra y la emoción".

Sin embargo, a pesar de la claridad expositiva de los poemas, de la sencillez expresiva, estos reservan un enigma, guardan una atmósfera de misterio, en aquello que se trata. La propia autora nos dice en el libro que "mi mejor poema no es el que escribo, / sino ese temblor que no tiene nombre". Al preguntar dónde podría estar ese temblor, ese origen del poema, ese perfil tan difícil de descifrar con la palabra, Carande responde que "puede ser la paradoja, las ironías del destino, la fragilidad de las cosas pequeñas que tienen una grandeza a pesar de parecer triviales, como un sabor, el canto de un mirlo, el insomnio, un espejo roto…". Quizá aquí una de las claves de Afectos y canciones: ese enfoque hacia lo cotidiano que pasa por hecho extraordinario, con el lenguaje de la poesía. Un lenguaje con el que la autora da "gran intensidad al mensaje" y consigue así "sentirlo más mío y hacerlo más inteligible para los lectores".

En "Salón de baile", uno de los poemas del conjunto, leemos: "Los danzantes giran entre tinieblas, / y la mirada / que nos aferra, / que nos tortura casi / y nos salva, / es lo único que de verdad existe". Pero Victoria Carande nos señala que también serán ciertas "aquellas experiencias que simplemente llenan nuestra vida de interacciones y ocupaciones. Las que nos relacionan con los demás, como el trabajo, la familia, la compasión… Son preciosas, y a veces su cotidianeidad nos hace despreciarlas". E insiste en esa mirada poética que sobrevive en los pequeños gestos. "El día a día está lleno de verdad, de heroísmo y hasta incluso de poesía, a veces callada", concluye.

"Con el poema regreso al idioma materno una y otra vez, o más bien constato que nunca me fui"

Traductora de profesión, Victoria Carande reside en Luxemburgo, donde trabaja para la Comisión Europa. Un oficio que le sirve para trabajar con las palabras. Labor que tan presente está en su poesía. Detalla la autora que "buscarlas es mi ocupación cotidiana, me da inquietudes y satisfacciones todo el tiempo. Me hace muy feliz desarrollar esta actividad también para escribir poesía, porque en esta vertiente tengo libertad total. Me parece que estoy jugando con las palabras, y puedo hacer con ellas lo que quiera. Con el lenguaje poético me siento libre de pintar y de cantar".

"El arte es mi vacuna contra casi todo, especialmente contra el aburrimiento y la deshumanización"

En la distancia de la vida en Bruselas primero, y ahora en Luxemburgo, la lengua ha sido durante años una vinculación más a su tierra natal. Se percibe en los poemas de Afectos y canciones que el idioma materno es lugar en el que sentir acogida, pertenencia, vinculación con los orígenes. Así lo siente la poeta: "Sí, con el poema regreso, una y otra vez, o más bien constato que nunca me fui. Con la poesía intento convertir todo en un lugar universal y mítico, en un lugar que contiene todos los lugares. Igual que un tiempo puede contener todos los tiempos". No obstante, su actual residencia no la siente "en tierra extraña", como aquel poema de Cernuda, pues nos argumenta que "donde yo vivo no es tierra extraña. Pienso que aclimatarse, pertenecer a un lugar, es una necesidad vital. Hay que acoger en el corazón a la tierra que te acoge en sus paisajes. Con los años, Luxemburgo se ha convertido en mi tierra".

En el poemario se lee una palabra hoy diaria y esperanzadora: vacuna. El poema "El río del desespero" se cierra con este verso: "Y el arte es mi vacuna contra casi todo". Pero ¿contra qué nos vacuna el arte? Victoria Carande considera que "contra el aburrimiento y contra la deshumanización". Y nos da un breve apunte sobre ese concepto, que se relaciona con aquella idea de entrega hacia los otros, hacia los que nos acompañan y nos quieren, tan constante en el libro. La autora apunta que "el arte que recibimos o admiramos nos alimenta, y el que regalamos, transmite amor a quienes nos rodean".

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