Alpinismo

Cincuenta años de desafíos

  • Con cerca de 70 miembros y muchos objetivos por delante, el Club Alpino Sevillano cumple medio siglo de vida

Varios miembros del Alpino sujetan una bandera con el logo del club durante una expedición al monte Elbrus en el año 2007. Varios miembros del Alpino sujetan una bandera con el logo del club durante una expedición al monte Elbrus en el año 2007.

Varios miembros del Alpino sujetan una bandera con el logo del club durante una expedición al monte Elbrus en el año 2007.

No es sencillo para una institución deportiva alcanzar los 50 años de edad. Pero menos lo es que lo haga una entidad no dedicada a los deportes populares. El Club Alpino Sevillano, sin embargo, puede presumir de cumplir este año las cinco décadas. Nació en 1969 como una segregación de la O.J.E. (Organización Juvenil Española), que era algo “parecido a un grupo de scouts”. O así lo explica el actual presidente del club, Andrés García (Sevilla, 1971).

Sus principales impulsores fueron Manuel Buzón y Mateo García. Muy gradualmente, la actividad del Alpino, que en un principio era un grupo de aficionados al montañismo, fue ampliando sus horizontes. Si durante los años 70 las expediciones significativas fueron a Sierra Nevada u otros mazizos ibéricos, a principios de los 80 se acometió una de las grandes cumbres de Sudamérica, el Aconcagua. Y a mediados de esa misma década, Rafael Jiménez Díaz Benjumea recibe la distinción al mejor deportista sevillano por su ascensión a la cara norte del Dru, en los Alpes franceses.

Otro nombre que sobresale es el de David Becerra, que en verano de 1986 alcanzó coronó el mítico Mont Blanc junto a otros dos compañeros –Julio García Gordo y Javier González Corripio–. Algo más tarde harían lo propio en cumbres africanas de la magnitud del Kenia o el Kilimanjaro. Becerra, que a día de hoy aún continúa ligado al Club Alpino, fue años después su presidente.

Su sucesor en el cargo fue el propio Andrés, que descubrió el club “hace unos 20 años”, de forma casi casual. “Pregunté en una tienda de submarinismo que había –y hay– en la Calle Adriano, Casco Antiguo”, cuenta. Paradójicamente, allí había dos miembros del Alpino y el dependiente se los presentó.

El club cuenta hoy en día con cerca de 70 componentes, muchos de ellos veteranos. Andrés destaca “más de cinco” de ellos “han conseguido subir el Cervino”. Y apunta que preparar una ascensión de esas características conlleva una preparación. “Dependiendo del grado de dificultad de la vía que quieras hacer, te lo tienes que preparar en un año o en dos años. Quieras o no, no nos dedicamos sólo a esto, somos asalariados normales”.

Con especial orgullo habla de su compañera Lina Quesada, que ha subido el Everest “y varios ochomiles”. Y a la vez recuerda a otros que por percances no han podido concluir ascensiones. “Después de haber gastado mucho dinero y mucho tiempo, han llegado allí y a cien metros de la cumbre, tener que bajar”. Reconoce que el alpinismo tiene sus riesgos y que “en un momento dado, te puede retirar”, por eso recomienda hacerlo con seguridad. “Esto no es jugar al fútbol. No es lo mismo doblarte un tobillo aquí que doblártelo en el Mulhacén”.

Acota que el Alpino tiene un local cedido en el Pabellón de San Pablo, aunque “apenas se usa, porque hoy en día todo el mundo tiene su propio material”. Y es que en 50 años cambian muchas cosas. A cuenta de este aniversario, por cierto, se está perfilando una salida conjunta al Mont Blanc para el mes de junio. Una bonita forma de celebrar.

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